Luis Ángel Palacios Moya, Gerente de Harina de Popocho La Promesa/ Foto El AfroBogotano
El viaje del Popocho comienza mucho antes de llegar a una mesa. Nace entre la humedad de las fértiles riberas del río Murrí, en el Medio Atrato chocoano, donde decenas de familias campesinas cultivan un fruto que durante muchos años fue subestimado y, en no pocas ocasiones, terminó desechado por no encontrar un mercado que reconociera su verdadero valor.
Hoy esa historia cambió.
Crónica desde el corazón del Atrato
Por Antonio «Calidad» Sánchez
El AfroBogotano – Étnica Tv
A bordo de las embarcaciones que surcan el majestuoso río Atrato, el Popocho inicia un recorrido lleno de esperanza. Sale de los pueblos del Medio y Bajo Atrato, llega a la Plaza de Mercado de Quibdó y, desde allí, continúa hasta la planta de producción de La Promesa, ubicada en el barrio Los Álamos, en la zona norte de la capital chocoana. Allí ocurre el milagro de la transformación: el fruto se convierte en una harina nutritiva que alimenta hogares y, al mismo tiempo, sostiene sueños.
El responsable de esa transformación es Luis Ángel Palacios Moya, un quibdoseño de apenas 35 años, padre de dos niños, tercero de ocho hermanos y convencido de que el futuro del Chocó no depende únicamente de sus riquezas naturales, sino de la capacidad de su gente para convertirlas en oportunidades.
Mientras muchos veían un producto sin valor comercial, Luis Ángel Palacios descubrió una posibilidad para generar empleo, fortalecer el campo y demostrar que la innovación también puede nacer en las orillas del Atrato.
Hoy, La Promesa es mucho más que una empresa. Es una cadena de esperanza que genera 80 empleos directos, beneficiando a igual número de familias que participan en la siembra, la cosecha, el transporte fluvial, la transformación industrial, la promoción y la comercialización de la harina de Popocho; el Popocho de Luis Ángel Palacios.
Detrás de cada bolsa empacada hay una madre cabeza de familia que volvió a creer en el mañana, una víctima del conflicto armado que encontró una nueva oportunidad, un campesino que ahora recibe ingresos por un producto que antes no tenía mercado y una familia que recuperó la esperanza de vivir con dignidad gracias al trabajo.
«Los 1.200 racimos de Popocho que llegan cada mes a nuestra planta no solo reivindican económicamente a las familias campesinas que los cultivan; también los transformamos en un alimento de alto valor nutricional para los niños del Chocó y del resto de Colombia. Cada racimo que procesamos representa una oportunidad de desarrollo para el campo y una esperanza de bienestar para miles de hogares.» Luis Ángel Palacios Moya, fundador de La Promesa.
Pero el aporte de La Promesa va mucho más allá del empleo. La harina de Popocho posee importantes propiedades nutricionales: es rica en fibra y aporta vitaminas y minerales, lo que la convierte en un excelente complemento para la alimentación infantil. Puede utilizarse en coladas, bebidas, batidos, panes, tortas, galletas y múltiples preparaciones que promueven una alimentación saludable y aprovechan uno de los tesoros agrícolas del Chocó.
Durante nuestra visita a la planta de producción, fue imposible no percibir el orgullo de quienes hacen parte de este proyecto. Cada trabajador entiende que allí no solo se procesa un alimento: se está escribiendo una nueva página en la historia empresarial del departamento.
El sueño de Luis Ángel Palacios Moya tampoco se detiene en las fronteras nacionales. Su meta es posicionar primero la harina de Popocho en todo el mercado colombiano y, posteriormente, convertir a La Promesa en la primera empresa exportadora de harina de Popocho, llevando al mundo un producto nacido de la biodiversidad chocoana y del esfuerzo de sus comunidades.
Donde antes muchos veían un fruto sin valor, nosotros vimos una oportunidad para dignificar la vida de las familias campesinas y alimentar a los niños de Colombia. Los 1.200 racimos que llegan cada mes a La Promesa son la prueba de que el emprendimiento también puede transformar un territorio, nos dijo entusiasmado Palacios Moya.»
Como periodista de El AfroBogotano y Étnica Tv, llegar hasta la sede de La Promesa significa encontrarse con una de las experiencias empresariales más inspiradoras que ha visto Quibdó en los últimos años. En tiempos en que tantas noticias hablan de dificultades, esta historia demuestra que también hay espacio para contar cómo la creatividad, el trabajo y la confianza en la tierra pueden cambiar el destino de una región. Porque, al final, La Promesa no es solamente una marca de harina. Es la prueba de que el Chocó tiene con qué alimentar a Colombia, conquistar mercados internacionales y demostrar que el desarrollo también puede navegar por las aguas del río Atrato.
No Comentario