La nueva Junta Directiva de la Comisión Legal Afro quedó integrada por Estefanel Gutiérrez Pérez, presidente (al centro de la gráfica); a la derecha, Jhon Alexander Molina, del departamento del Guainía, y Jorge Luis Utria, coordinador de la Comisión. / Fotos: Antonio Sánchez
Estefanel Gutiérrez Pérez llega a la presidencia de la Comisión con una apuesta que puede marcar un nuevo rumbo: sacar la política de los escritorios de Bogotá, llevarla a los territorios y convertir las necesidades históricas de las comunidades negras en prioridades reales del Estado.
Por Antonio Sánchez/ Fotoperiodista
El representante a la Cámara por el Atlántico acaba de asumir la presidencia de la Comisión Legal para la Protección de los Derechos de las Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras del Congreso de la República.
Y desde el mismo momento de su posesión dejó claro que no quiere una Comisión encerrada entre paredes, documentos y debates en Bogotá, actitud que coincide con la de la mayoría de sus colegas.
“Vamos a llevar la Comisión hasta los territorios, escuchar a la gente y hacer vigilancia a la inversión”, anunció.
La frase parece sencilla, pero para los territorios negros puede significarlo todo, porque durante décadas buena parte de la política pública destinada a las comunidades afrocolombianas se ha pensado lejos de los lugares donde viven sus protagonistas. Desde oficinas capitalinas se habla de pobreza, abandono, infraestructura, educación, salud, conectividad o desarrollo; mientras tanto, en los territorios, la gente sigue esperando, y es allí donde comienza el verdadero desafío de esta nueva presidencia.
No más política de escritorio
Llevar la Comisión Legal Afro a los territorios no debería ser simplemente cambiar de escenario una sesión del Congreso; debería significar cambiar la manera de hacer política. Escuchar al campesino negro que reclama una vía, a la comunidad que lleva años esperando agua potable, al joven que terminó el colegio y no encuentra oportunidades, a la mujer que sostiene una economía familiar con enormes dificultades, al profesional afro que tiene preparación, pero no encuentra espacio en las instituciones, y a los municipios donde los recursos llegan en los presupuestos, pero las obras no siempre llegan a las comunidades.
También se trata de mejorar las vías para que la empresa privada pueda invertir, porque el desarrollo del pueblo negro no puede continuar siendo concebido exclusivamente desde sus carencias.
El pueblo negro también tiene conocimiento, talento, empresarios, científicos, médicos, abogados, ingenieros, maestros, artistas, dirigentes y profesionales capaces de construir país.
Por eso, Gutiérrez Pérez plantea otra discusión de fondo: que el Gobierno y las instituciones se parezcan a la Colombia Negra, no solamente en las fotografías, sino también en los cargos donde se toman decisiones.
Desde La Manga, en Barranquilla, hasta el corazón del Congreso, el nuevo presidente plantea una pregunta que incomoda: ¿puede Colombia hablar de inclusión mientras sus territorios negros siguen esperando desarrollo, oportunidades y dignidad?
La hora del presupuesto
Y aquí aparece una de las primeras pruebas para la nueva Comisión.
El presidente anunció que la Comisión estará presente en la discusión del proyecto de presupuesto que se realizará próximamente. Ese será uno de los momentos para saber si esta nueva manera de hacer política logra pasar del discurso a los hechos, porque reclamar inversión para los territorios negros es fácil cuando se pronuncia un discurso. Lo difícil es defenderla cuando llega la hora de discutir cifras, prioridades y presupuestos. El pueblo negro necesita algo más que anuncios.
Necesita hospitales que funcionen, escuelas dignas, vías, conectividad, agua potable, vivienda, empleo, educación superior, seguridad alimentaria, fortalecimiento de la economía propia y oportunidades para sus jóvenes. Y necesita, además, que cada peso destinado a esos propósitos pueda ser vigilado. Por eso adquiere particular relevancia la promesa de ejercer control sobre la inversión.
Benkos Biohó y una esencia común
Gutiérrez Pérez escogió una figura histórica para acompañar su llegada a la presidencia. Recordó la frase de Benkos Biohó: “Podemos tener miradas múltiples, pero una misma esencia”. Quizás allí esté condensado el mayor desafío político de la Comisión.
El pueblo negro no es homogéneo, no piensa igual, no vota igual, no vive igual. El Caribe tiene sus propias dinámicas, el Pacífico enfrenta realidades distintas, las comunidades de las grandes ciudades viven otras formas de exclusión, los raizales y palenqueros tienen sus propias particularidades, pero existe una agenda común que atraviesa buena parte de esos territorios: la lucha por la dignidad, la igualdad de oportunidades y el derecho a participar en las decisiones que definen su futuro.
De La Manga al Congreso
La historia de Gutiérrez Pérez comenzó en La Manga, en Barranquilla. Allí nació y creció. Desde ese barrio llegó a convertirse en el primer joven afro en ocupar una curul en el Concejo de Barranquilla y, posteriormente, dio el salto a la Cámara de Representantes para el periodo 2026-2030.
Su formación académica es amplia: abogado, especialista en Derecho Constitucional, magíster en Gerencia y Práctica del Desarrollo de la Universidad de los Andes y Máster en Leyes —LL.M.— de la American University Washington College of Law.
Militante de Cambio Radical, llega ahora a una posición cuya responsabilidad trasciende las fronteras de su partido y de su departamento, porque la Comisión Legal Afro no puede ser entendida como patrimonio de una colectividad política. Es una institución que debe responderles a millones de colombianos negros que esperan que el Congreso deje de hablar solamente sobre ellos y empiece a hablar con ellos.
Una elección con ruido político
Su elección tampoco estuvo exenta de tensión. La bancada del Pacto Histórico abandonó el Salón Boyacá del Congreso de la República y, a través de su vocero y aspirante, Óscar Benavides, argumentó que no existían garantías para disputar la elección. La controversia quedó instalada, pero ahora comienza lo verdaderamente importante. Las discusiones partidistas pasan, los cargos cambian, los periodos legislativos terminan y las necesidades de los territorios permanecen.
A Gutiérrez Pérez lo acompañarán en la mesa directiva Jhon Alexander Molina, representante a la Cámara por el Guainía, como vicepresidente, y Jorge Luis Utria, como coordinador.
Ahora tendrán que demostrar que esta Comisión puede ser mucho más que un escenario institucional.
El desafío: que Bogotá mire hacia las orillas
El nuevo presidente tiene ante sí una oportunidad política enorme: puede convertir la Comisión Legal Afro en una caja de resonancia de las necesidades del pueblo negro, pero también puede hacer algo mucho más importante: convertirla en una herramienta de transformación territorial. Para ello, tendrá que recorrer los territorios, escuchar sin intermediarios, confrontar las cifras con la realidad, vigilar la inversión y exigir resultados. Tendrá que preguntarle al Gobierno por los recursos, a los alcaldes por las obras, a los contratistas por los resultados y a las comunidades qué necesitan realmente.
Porque una nueva política para el pueblo negro no puede consistir en cambiar unas palabras por otras; tiene que cambiar la relación entre el Estado y los territorios. Tiene que pasar del asistencialismo a la inversión, de la promesa al presupuesto, del discurso a la obra, de la representación simbólica al poder real de decisión. Y aquí está la gran pregunta que deja abierta la llegada de Estefanel Gutiérrez Pérez a la presidencia de la Comisión Legal Afro:
¿Será esta la Comisión que finalmente salga de Bogotá para encontrarse con la Colombia Negra que durante décadas ha esperado ser escuchada?
La respuesta no estará en el Congreso, estará en los territorios, y será allí, frente a la gente, donde se sabrá si esta nueva etapa fue simplemente otra posesión política…
o el comienzo de una nueva manera de hacer política para el pueblo negro de Colombia.
He procurado que los cambios sean exclusivamente gramaticales y sintácticos, sin convertir el texto en una nueva versión estilística.
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