Un terremoto de magnitud 7,4 estremeció a Colombia y dejó una tragedia que enluta al país: 188 personas fallecidas, más de 1.600 heridas y más de 200 desaparecidas, además de viviendas, edificios, hospitales y vías destruidas o gravemente afectados. Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, miles de familias enfrentan la incertidumbre y el dolor. Pero, en medio de la tragedia, también emerge una poderosa respuesta ciudadana: Colombia se une para ayudar a quienes lo perdieron todo.

Casi siempre, las peores tragedias muestran lo mejor de nosotros. Y hoy lo confirmé en los rostros y ejemplo de los caleños. 

Por: Antonio Sánchez/ Fotoperiodista

Todavía tengo en el cuerpo y en la memoria la angustia de aquel momento. El terremoto me sorprendió atrapado en el octavo piso del Hotel Ibis. Fueron segundos que parecieron eternos, mientras la tierra se movía y la incertidumbre se apoderaba de todos los que estábamos allí.

Hoy, sin embargo, decidí transformar ese dolor en algo diferente: salir a las calles y encontrarme con la solidaridad de los caleños.

Llegué hasta las Canchas Panamericanas, uno de los puntos dispuestos por la Alcaldía de Cali para recibir las donaciones destinadas a las familias damnificadas por el terremoto. Y allí me encontré con una imagen que difícilmente olvidaré.

Hombres y mujeres de los barrios populares, personas humildes, trabajadores, jóvenes, familias enteras y ciudadanos de diferentes estratos sociales se dieron cita para entregar lo que tenían a su alcance: agua, alimentos, medicamentos, enseres y elementos indispensables para quienes hoy enfrentan momentos de dolor y necesidad.

No importó si llegaban en bicicleta, en motocicleta, en bus o en automóvil. Cada quien llegó como pudo, cargando una bolsa, una caja, un paquete de alimentos, unas botellas de agua o cualquier elemento que pudiera servirle a una familia que lo perdió todo o que hoy necesita una mano amiga.

Con El AfroBogotano y Étnica TV fuimos testigos de esos momentos sensibles. Registramos rostros conmovidos, abrazos, manos extendidas y ciudadanos que, sin esperar nada a cambio, llegaban para decirles a los damnificados: “No están solos”.

Fue particularmente conmovedor observar cómo desde los sectores populares de Cali surgía una verdadera corriente de solidaridad. Allí donde muchas veces las necesidades también son grandes, aparecieron personas dispuestas a compartir lo poco o mucho que tenían.

Y comprendí algo.

La solidaridad no se mide por el tamaño de una donación, sino por el corazón con el que se entrega.

Para mí, estar hoy aquí también ha sido una manera de darle escape al dolor que sentí durante el terremoto. Después de vivir el miedo de estar atrapado en un octavo piso, necesitaba encontrar una razón para volver a sentir esperanza. Y la encontré en Cali, en sus calles, en su gente y en esa capacidad extraordinaria que tienen los caleños para levantarse y tenderle la mano a quien más lo necesita.

Mientras observaba llegar una tras otra las donaciones, recordé que las tragedias pueden destruir viviendas, derribar estructuras y dejar profundas heridas, pero también pueden sacar a flote lo mejor del ser humano.

Y eso fue precisamente lo que vi hoy. Vi a Cali abrazando a los damnificados.

Vi a una ciudad que, aunque también conoce el dolor y las dificultades, decidió compartir.

Vi a sus barrios populares convertirse en territorios de solidaridad. Vi bicicletas, motos, buses y automóviles cargados de esperanza. Y sentí que aquel miedo que todavía llevo conmigo desde el octavo piso del Hotel Ibis comenzaba, poco a poco, a transformarse en gratitud. Gratitud por estar vivo. Gratitud por poder contar lo ocurrido.

Y, sobre todo, gratitud por haber llegado hoy hasta las Canchas Panamericanas y comprobar, con mis propios ojos, que Cali no es indiferente ante el dolor de los demás.

Desde El AfroBogotano y Étnica TV seguiremos registrando estas historias, porque detrás de cada botella de agua, cada medicamento, cada alimento y cada elemento donado hay una historia de amor, solidaridad y humanidad.

Hoy, Cali no solamente está entregando ayudas. Cali está entregando esperanza.