Lo que puede uno entender, es que, en cualquier actividad electoral, no solo en la política, los interesados en llegar a esos cargos, se convierten en promeseros, que supuestamente van a solucionar los problemas que nunca han sido solucionados por los predecesores.
Por
José María Daza Sánchez*
Columnista invitado
En cada oportunidad de elección, para obtener el beneficio del elector, se ofrece el «oro y el moro», muchas veces a sabiendas de que eso nunca será, nunca se cumplirá, así jure y firme documentos, vaya donde más engañan, que son esas iglesias cristianas que se aprovechan del feligrés o lo registre en notaría.
El propósito de esos oferentes de promesas mentirosas, solo es el lograr a cualquier costo el cargo. Su interés es obtener los beneficios que, alrededor del puesto, se presentan. Bonos, contratos a terceros que finalmente le garantizan alguna comisión, cargos para sus amigos o familiares, porque muchas veces ni el salario que van a recibir ni los honorarios que les pagan por sesión son tan relevantes.
Entonces figuran como los humildes personajes, lo vemos a diario, comiendo bocados grasosos lo que nunca han hecho, alzando niños mocosos, tomando bebidas que odian, poniéndose prendas que en su vida se han puesto u ofreciendo soluciones que saben que no son posibles, porque esas decisiones no las toman ellos unilateralmente.
Miremos en el antro de la supuesta democracia, el Congreso o las Asambleas departamentales o los Concejos municipales. ¿Qué tanto impone un solo congresista, diputado o concejal para tramitar un proyecto que pretenda mejorar la situación de sus electores?
Y en esa tendencia, tanto los que ya han estado en esos cargos, que no han cumplido, como los que vienen a tratar de estrenar y que repiten ofertas imposibles de cumplir, hacen caer al elector en error, que por supuesto tiene «memoria de gallina» y ni se fija en que ya se habían hecho esas promesas antes y no se cumplieron o van a recibir cualquier emolumento por única vez.
La esencia de la política es la mentira. Kant, al respecto señala: «El principio fundamental que rige la prohibición de la falsedad, considerada como una violación de deberes de derecho, es el siguiente: una declaración intencionalmente falsa es una mentira y, por lo tanto, una violación de un deber de derecho.» Y en esta época en que se acepta cualquier trampa o engaño a pesar de tenerse claro que hay falsedad, pues no importa que sea así. Se elige o respalda con el voto, no por ignorancia, sino con complacencia así sea para contradecir o para cerrarle la posibilidad a otro que, seguramente, lo haría mejor.
Para mostrar, por ejemplo, falsificar firmas para aparentar un ‘gran respaldo’ o esconder información de investigaciones en su contra y así muchos hechos inclusive delincuenciales o no mostrar el origen de recursos que lo financian, ni los personajes oscuros que lo apoyan económicamente comprueba que estamos formados para convivir y aceptar todo tipo de engaños sin importar el daño y perjuicio que nos puede impactar.
¿Falta educación? ¿Por qué ese comportamiento complaciente? La IA, me ayuda con esta definición de Maquiavelo que lo define mucho mejor y más claramente este tema: «Aquí se detallan los aspectos clave de la mentira en la política según Maquiavelo:
Antropología Pesimista: La mentira se justifica porque los seres humanos son considerados egoístas, inconstantes y malvados, lo que requiere un líder capaz de utilizar la fuerza y el engaño.
La Necesidad de «Aparentar»: Maquiavelo sostiene en El Príncipe que no es necesario tener virtudes reales, pero sí aparentarlas (ser buen simulador y disimulador). El gobernante debe parecer clemente, fiel, humano, íntegro y religioso, aunque actúe en sentido contrario si la necesidad lo exige.
El Engaño a la Masa: La mentira es vista como necesaria debido a la simpleza de la masa, que suele ser engañada fácilmente.
La «Noble Mentira»: Siguiendo una línea similar a la planteada desde Platón, la mentira política puede ser vista como un mecanismo para asegurar la estabilidad y el bien del estado o el orden público.»
Es muy difícil cambiar la conciencia del elector.
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