Nazly Blandón Mercado, gerente de Étnias del Instituto de la Participación Ciudadana de Bogotá, IDPAC/ foto: Antonio Sánchez

Con la serenidad de quien ha aprendido a levantarse incluso en los momentos más difíciles, y con la convicción profunda de que la transformación social se construye desde lo colectivo, Nazly Blandón Mercado cumple su primer año al frente de la Gerencia de Etnias del Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal (IDPAC). Un tiempo que, más que una gestión administrativa, ha sido para ella la continuidad de una vida marcada por la memoria, el territorio y el servicio público.

Por Antonio Sánchez

“Soy Nazly Blandón Mercado, orgullosa hija de Rosa Mercado y Guillermo Blandón”, (fallecidos), suele presentarse con la sencillez de quien no olvida sus raíces. La menor de ocho hermanos, tía amorosa, “cambambera” de corazón y afrofeminista convencida, Blandón se reconoce como parte de múltiples colectivos de mujeres y de organizaciones étnicas, espacios donde —afirma— se cultiva la fuerza de lo comunitario y la potencia de la voz compartida.

Nacida en el Chocó y formada en medio de las complejidades sociales del país, se define como “chocollin”: una chocoana que migró a Medellín en busca de oportunidades sin desprenderse jamás de la raíz que la une a su territorio. Ese recorrido vital, atravesado por la migración y la lucha por abrir caminos, también estuvo marcado por una tragedia personal que la convirtió en sobreviviente de la violencia política que ha golpeado a Colombia. En Urabá fue asesinado su esposo, Richar Dautt, un hecho que transformó su vida y reforzó su determinación de trabajar por la dignidad de las comunidades.

Lejos de quebrarla, la experiencia la llevó —como ella misma lo dice— a “renacer de las cenizas”. Desde entonces, su trayectoria se ha sostenido sobre la resiliencia y sobre una idea clara: que la vida también es servicio, amistad y esperanza. “Me habita la certeza de lo popular”, afirma, una convicción que ha guiado su trabajo con comunidades históricamente excluidas.

Su camino profesional ha estado estrechamente ligado al trabajo social y a la construcción institucional. En Antioquia participó en iniciativas como Antioquia la Más Educada, además de desempeñarse en la Alcaldía de Medellín. Posteriormente, su labor la llevó a territorios como Quibdó y Riosucio, en el Chocó, así como a la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).

Desde 2016 su trabajo se ha consolidado en Bogotá, aportando desde diferentes entidades del Estado como la Agencia Nacional de Tierras, el Ministerio del Interior de Colombia, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, la Agencia de Renovación del Territorio y el Fondo Colombia en Paz. Cada paso, asegura, ha sido una oportunidad para aprender y servir.

Hoy, desde la Gerencia de Etnias del IDPAC, Blandón ha orientado su trabajo a fortalecer los procesos organizativos de los pueblos y comunidades étnicas en Bogotá, impulsando espacios de participación y reconociendo la diversidad cultural que habita la capital.

Al cumplirse un año de su gestión, su balance no se expresa solo en cifras o programas, sino en una apuesta más profunda: la de seguir tejiendo redes entre comunidades, instituciones y territorios. Para Blandón, la participación no es un discurso, sino una práctica cotidiana que se construye desde el respeto a la identidad, la memoria y los derechos colectivos.

Agradecida con Dios nuestro Señor, y con la ciudad que hoy la acoge, la funcionaria destaca que Bogotá le ha permitido seguir creciendo y aportando a los procesos sociales que han marcado su vida. “Soy mujer de territorio, de memoria y de futuro”, dice con convicción.

Y quizás esa frase resume el espíritu de su primer año al frente de la Gerencia de Etnias: la certeza de que las transformaciones profundas se construyen con gratitud, compromiso y esperanza, siempre de la mano de las comunidades.

Un año y más retos