Luis Gilberto Murillo, Iván Cepeda y María José Pizarro en Valledupar/ foto Harrison Gonzáles/ Prensa LuiGi

Los ecos de la gira incluyente de Luis Gilberto Murillo por los territorios de la esperanza.

Desde Coyaima y Tibacuy hasta Timbiquí, son más de mil kilómetros los que separan a Bogotá de los ríos profundos del Pacífico caucano, de las montañas cafeteras del Quindío y de las carreteras serpenteantes que atraviesan el alto Sumapaz cundinamarqués. Sin embargo, en esta campaña política, las distancias parecieron reducirse bajo una misma consigna: unir al país alrededor de la candidatura presidencial de Iván Cepeda y Aída Quilcué. Crónica.

La comunidad indígena de Coyaima le hizo entrega del bastón de mando a Luis Gilberto Murillo, en señal de reconocimiento a su talento y figura/ foto: Harrison González.

Por Antonio Sánchez/ fotos: Harrison Gonzales
 & Antonio Sánchez

Con ese propósito, el excanciller y exministro Luis Gilberto Murillo emprendió una extensa gira por rincones apartados de Colombia, llevando el mensaje de la Alianza por la Vida a municipios y ciudades donde la política todavía se escucha de frente, en plazas públicas, auditorios populares, casas campesinas y calles ardientes bajo el sol del Pacífico.

Murillo, quien suspendió su aspiración presidencial para adherir a la campaña de Cepeda y Quilcué, estuvo acompañado por líderes regionales de los partidos Verde y Liberal, representantes de movimientos sociales, dirigentes sindicales y ciudadanos que decidieron cerrar filas alrededor de una propuesta política que busca convocar a sectores históricamente excluidos.

Desde Armenia hasta Timbiquí; desde Tibacuy hasta Tumaco; desde Cajamarca hasta Guapi, la gira se convirtió en una travesía humana y política donde el entusiasmo popular terminó desbordando cualquier cálculo electoral.

Ibagué y la memoria de la ciudad musical

En Ibagué, la llamada Ciudad Musical de Colombia, la campaña hizo una pausa para encontrarse con la memoria histórica y cultural del Tolima.

Un pequeño pero revelador museo abrió sus puertas para recibir a Murillo, a su esposa Barno Khadjibaeva y a la representante del Pacto Histórico, Paola Chacón. Allí, entre fotografías, objetos antiguos y relatos urbanos, la delegación encontró una metáfora perfecta de lo que pretendía la gira: recuperar la memoria colectiva de un país que durante décadas ha sentido abandonadas muchas de sus regiones.

Gracias al liderazgo de Manuel Gómez, anfitrión y gerente del museo, Murillo recorrió piezas que narran la transformación cultural de Ibagué y el arraigo de sus tradiciones. Más que una visita protocolaria, fue un diálogo con la identidad popular de Colombia.

El debut junto a Cepeda en Valledupar

En Valledupar, tierra de acordeones y cuna del Festival Vallenato, Murillo compartió tarima por primera vez con Iván Cepeda en medio de una multitud expectante.

La emoción era evidente. El dirigente chocoano agradeció públicamente haber sido invitado a una campaña donde —según sus propias palabras— un hombre afrocolombiano venido de las selvas del Chocó podía sentirse plenamente representado.

El público respondió con aplausos y ovaciones mientras la plaza se convertía en un símbolo de diversidad política, étnica y regional.

Cajamarca: entre montañas y esperanza

La gira continuó hacia Cajamarca, en el Tolima, un territorio rodeado de montañas, neblina y riqueza ambiental, donde nacen cuencas hídricas y sobreviven especies únicas de la biodiversidad colombiana.

Hasta allí llegó la voz de la campaña de la Alianza por la Vida.

La comunidad de Cajamarca bajo el liderazgo del representante a la cámara Marco Emilio Hincapié; militantes de otros partidos políticos, campesinos y jóvenes de la región escucharon atentamente a Murillo y sellaron un compromiso político colectivo: acudir masivamente a las urnas para respaldar a Cepeda y Quilcué en primera vuelta.

En cada encuentro, la campaña insistía en un mismo mensaje: no dejar perder un solo voto y convertir la esperanza en organización popular.

Fusagasugá y el abrazo ciudadano

En Fusagasugá, conocida como la Ciudad Jardín de Colombia, la comitiva se mezcló con comerciantes, periodistas, simpatizantes y líderes comunitarios que querían escuchar de cerca las reflexiones del exministro chocoano.

Murillo y Barno Khadjibaeva caminaron entre calles y sedes políticas, dialogando con ciudadanos que veían en esta alianza una posibilidad de continuidad para los cambios impulsados desde el Gobierno nacional.

Horas antes, los esposos Murillo-Khadjibaeva visitaron a Nazaren Duarte, una emprendedora afrocolombiana que produce cosméticos con productos naturales para la comunidad fusagasugueña, resaltando así el papel de las economías populares y del emprendimiento femenino afrodescendiente.

Tibacuy y la montaña sagrada

El recorrido hacia Tibacuy parecía una travesía hacia el corazón agrícola de Cundinamarca.

La carretera, rodeada de árboles frutales, cultivos de café, plátano y aguacate, condujo a la delegación hasta las faldas del cerro de Quinini, la histórica “montaña sagrada de la luna”.

Allí, con una panorámica ambiental y biodiversa que los enorgullece la comunidad esperaba con música campesina, trovas y danzas folclóricas a la delegación encabezada por Murillo.

Los elogios hacia el dirigente chocoano se mezclaron con abrazos, sonrisas y un ambiente de fraternidad popular que terminó convirtiendo la jornada política en una verdadera fiesta campesina.

Murillo, emocionado, bailó con habitantes del municipio y agradeció el recibimiento de una comunidad que, pese a las dificultades históricas de la ruralidad colombiana, continúa creyendo en la participación democrática.

El mensaje central en Tibacuy fue contundente: cuidar los votos, fortalecer la pedagogía electoral y garantizar que nadie se quede sin votar por Iván Cepeda.

Los Pijaos de Coyaima honran a Luis Gilberto Murillo

Hasta Coyaima, en el departamento del Tolima, conocida como la «Tierra del Cacique Coya» y uno de los territorios de mayor tradición indígena en Colombia, llegó Luis Gilberto Murillo acompañado de una delegación de líderes políticos y sociales, encabezada por la senadora Hael Quiroga y el representante a la Cámara Marco Emilio Hincapié.

En medio de una emotiva jornada de encuentro con las comunidades, Murillo recibió un cálido homenaje por parte del pueblo Pijao, que destacó su trayectoria, liderazgo y aporte a la vida pública nacional e internacional. Como uno de los momentos más significativos de la visita, un representante de la comunidad indígena le hizo entrega del bastón de mando y autoridad, símbolo ancestral de liderazgo, sabiduría y compromiso con los pueblos.

Este gesto, cargado de profundo significado cultural y espiritual, constituyó un reconocimiento al liderazgo del dirigente afrocolombiano y a su trabajo en favor de la inclusión, la diversidad y la construcción de una nación más equitativa. La entrega del bastón de mando representó además un mensaje de hermandad entre los pueblos indígenas y afrodescendientes, unidos por la defensa de sus territorios, sus tradiciones y su visión de un país más justo y plural.

Entre aplausos y muestras de afecto, la comunidad Pijao exaltó en Luis Gilberto Murillo a un líder que ha llevado la voz de los territorios históricamente excluidos a los más altos escenarios del país y del mundo.

La Senadora Hael Quiroga y demás autoridades políticas de la región escuchan los planteamientos de Luis Gilberto Murillo

El Pacífico cerró filas

La recta final de la gira condujo a la delegación hacia el Pacífico colombiano.

Murillo, junto a los representantes Paola Chacón y Óscar Benavídez, abordó una avioneta rumbo a Timbiquí, territorio de marimba, río y resistencia afrocolombiana.

El vuelo de apenas 17 pasajeros aterrizó en medio de un calor sofocante y una multitud que aguardaba con entusiasmo la llegada de los líderes políticos del Pacífico. Los estudiantes infantiles aprovecharon la presencia de Cepeda en el cuerpo de Murillo para relatar sus carencias y potencialidades.

Por primera vez, tres dirigentes nacidos en esta región unían esfuerzos en una misma ruta política para impulsar la candidatura de Cepeda en departamentos históricamente olvidados por el Estado.

Ni los más de 40 grados de temperatura ni las largas jornadas lograron disminuir la efervescencia popular.

En Timbiquí, Guapi y Tumaco, las caravanas y auditorios se llenaron de ciudadanos que encontraron en la presencia de Murillo, Paola Chacón y Óscar Benavídez un símbolo de representación regional y dignidad política.

Fueron dos días de recorridos maratónicos donde la esperanza, el patriotismo y la convicción popular terminaron fundiéndose en un solo propósito: consolidar la unidad alrededor de la Alianza por la Vida.

Una gira por la Colombia profunda

Más allá de los discursos y las tarimas, la gira de Luis Gilberto Murillo dejó una imagen poderosa: líderes políticos recorriendo los rincones más apartados de Colombia, escuchando a campesinos, indígenas, afrocolombianos, comerciantes, artistas y jóvenes que todavía creen que el país puede construirse desde la inclusión y el reconocimiento mutuo.

Desde las montañas de Cundinamarca hasta las selvas húmedas del Pacífico caucano, la campaña de Iván Cepeda encontró en los territorios una fuerza inesperada: la unión de comunidades distintas alrededor de una misma esperanza.

Étnica Tv y El AfroBogotano, bajo el lente de Harrison Gonzáles y Antonio Sánchez, registraron esta travesía política y humana que atravesó carreteras, ríos, montañas y pueblos olvidados, para contar la historia de una campaña que decidió ir hasta donde pocas veces llega la política nacional.