Indígenas exigen $1.100 millones por permitir intervención de piedra sagrada en la vía Quibdó–Medellín

Redacción El Manduco

Una gigantesca roca que durante años o siglos ha permanecido al borde de la carretera Quibdó–Medellín, en el sector conocido como El Nueve, jurisdicción de la comunidad de Eborro, se ha convertido hoy en la piedra de discordia para la pavimentación de este tramo vial. Las comunidades indígenas de la zona se oponen a su destrucción para permitir la ampliación de la carretera, argumentando que se trata de una piedra sagrada según su cosmovisión y tradiciones ancestrales.

Como condición para autorizar una eventual intervención, las comunidades reclaman una compensación económica de 1.100 millones de pesos, a manera de reparación o indemnización por el posible impacto espiritual y cultural que representaría la destrucción de la roca, ubicada a escasos metros del borde de la vía.

Así lo dio a conocer a El Manduco un integrante de la mesa de infraestructura del Comité Cívico por la Salvación y la Dignidad del Chocó, quien explicó que, ante la falta de acuerdos entre los contratistas, el Gobierno nacional y las comunidades indígenas, se viene analizando la posibilidad de un rediseño del trazado vial que permita evitar la afectación de la piedra. Según indicó, esta alternativa es técnica y financieramente viable desde el punto de vista de la ingeniería.

La posición de las comunidades de Eborro, Fieras y Mirlas —agrupadas en el resguardo indígena El Fiera, en el municipio de El Carmen de Atrato— se sustenta en la concepción de que las montañas por donde atraviesa la carretera constituyen un territorio sagrado, el cual debe ser sanado espiritualmente para prevenir nuevas tragedias en esta vía, conocida popularmente como la trocha de la muerte.

En este corredor vial se encuentran asentadas más de 200 familias distribuidas en 28 comunidades, cuyas diversas reclamaciones han retrasado históricamente el avance de las obras. Aunque los trabajos fueron reiniciados en 2009, tras los paros cívicos, y actualmente avanzan en varios frentes, las demandas sociales y culturales continúan influyendo en el ritmo de ejecución del proyecto.

Si bien las labores se mantienen activas, incluyendo la remoción permanente de material producto de los constantes derrumbes, uno de los principales asuntos pendientes sigue siendo la resolución concertada de esta situación. Se trata de una más de las históricas reivindicaciones de comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes, que en el marco de procesos de consulta previa han negociado el paso de la vía, obteniendo beneficios como infraestructura educativa, casas comunales, placas deportivas, una casa de paso en Quibdó y dos en El Carmen de Atrato, entre otros.

La vía Quibdó–Medellín se ha convertido en una de las promesas incumplidas de sucesivos gobiernos. Más de 300 personas han perdido la vida, se han invertido cerca de 1,3 billones de pesos y aún faltan 8 kilómetros y 177 metros para su culminación, prevista —según el cronograma oficial— para diciembre de 2026.

Mientras tanto, continúan los cierres, paros y bloqueos, principalmente por parte de comunidades indígenas, lo que agrava el ya complejo panorama del transporte terrestre de carga y pasajeros. La construcción de la vía ha estado marcada, además, por severos problemas climáticos y geológicos en más de 50 puntos críticos, donde los derrumbes y desprendimientos de taludes han obligado a implementar planes especiales de estabilización.

Quienes transitan por este corredor observan, a ambos lados de la carretera, cientos de grandes rocas que emergen del corazón de la montaña y sirven como soporte natural del terreno. Muchas de ellas han sido taladradas, dinamitadas y trituradas. La denominada piedra de la discordia, en este caso, podría correr la misma suerte si se alcanza un acuerdo sensato que priorice el interés general y el desarrollo del Chocó.

Fotos El Manduco

 

Por Yesid Francisco Perea Mosquera

El hecho de desear las mejores cosas para todos los chocoanos en este nuevo año, no implica que siga muy al pendiente de las cosas de común ocurrencia en nuestra comarca, sobre todo en estos meses siguientes, si nos atenemos a la inminente llegada del día electoral.

Una de las cosas que llama poderosamente mi atención, se relaciona con la información trascendida, según la cual, residentes indígenas de la vía que conduce de Quibdó a la capital paisa, estarían reclamando indemnización al Estado colombiano por haber intervenido un sector donde estaría una peña, una roca “sagrada” y la participación del gobierno en ese pedazo de naturaleza virgen implicaría una millonaria indemnización por cuanto se estaría afectando, deduzco yo, aspectos espirituales de esta(s)comunidad(es). No puede ser por Dios, no me cabe en la cabeza que luego de más de 100 años según dicen, que hace se inició la construcción de esa vía, solo ahora, en el 2026, descubran la existencia de una piedra sagrada en determinado sector; para el año 1931 es cuando el gobierno de entonces se interesa en la construcción de algunas vías para este territorio, desde donde se desprende la construcción de la vía mencionada arriba, la cual cuenta con una extensión de 215 kilómetros aproximadamente. Pero es ahora, para este año que inicia, cuando esos indígenas recordaron tener una roca sagrada por la que estarían pidiendo más de mil millones de pesos.

Son posturas inaceptables por parte de los distintos gobiernos, entiéndase nacional, regional y local, no solo por la inverosímil idea, sino porque, de acceder a un propósito de ese calibre, seguidamente estarán reclamando por los ríos y quebradas sagradas, aquellas en las cuales se bañaron sus antepasados, así como también por la selva que bordea el sector. El gobierno nacional ha reducido en grado sumo lo correspondiente al Sistema Nacional de Participación para los municipios chocoanos, como también para la gobernación, haciendo más gravosa la situación presupuestal para los administradores y especialmente para los administrados, lo cual se traduce en la necesidad de ajustar procedimientos a efectos de hacer rendir el presupuesto, para que vengan estos “adelantados” de tiempo atrás, a buscar apropiarse de esos reducidos recursos que deben ser utilizados para el bienestar general.

Por cierto, en un artículo escrito meses atrás, destaqué los avances logrados en un consejo extraordinario de seguridad, en los que se planteó la consecución, entre otras cosas, de botes para navegar el río Atrato y un pelotón militar que habría de ubicarse en la zona utilizada por los indígenas para cerrar la vía, cada que se les viene en gana, en desmedro de toda una población que utiliza esa única vía hacia Medellín para suplir múltiples necesidades; esos militares estarían acantonados en esa zona para evitar los consabidos desórdenes, sin que a la fecha nada haya pasado al respecto. Cuándo entrará en operación el citado pelotón por favor; y una recomendación adicional: ni un peso por la tal roca aquella, si no queremos que nos cobren luego hasta por el oxígeno.