El disfraz o muñecos en movimiento son diseñados por calificados artesanos barriales que aprovechan la ocasión para enviar mensajes a favor o en contra de autoridades, situaciones y realidades de la ciudad/ foto: Antonio Sánchez.

Por esos días de fiesta, a los quibdoseños poco o nada les importa que la nevera esté vacía, que no se prende el fogón, que el graduado universitario acuda al trabajo informal, que las bandas criminales extorsionen y atraquen, que la corrupción afee la ciudad y apene a sus habitantes ante el mundo, que los migrantes del rebusque y vendedores de cachivaches se adueñen de sus calles y que la limosna llegue a los cada vez más vergonzantes sociales de la calle. Para sus lugareños, hay un Santo que todo lo puede, resiste y perdona. Crónica, primera entrega

Por Antonio Sánchez/ Fotoperiodista

Gracias al Fondo Nacional de Turismo – FONTUR y a la Alcaldía de Quibdó, les podré contar lo que sentí y reflexioné en las Fiestas Franciscanas de Quibdó 2023, conocidas como las fiestas de San Pacho.

Mientras el piloto del avión de la empresa Satena HK 5104, desayunaba en su cabina de mando, y a la vez nos saludaba a través de la ventana con su dedo pulgar en señal de éxito del vuelo y aterrizaje, el grisáceo firmamento cubría la bonita estación aérea de la capital chocoana llamada El Caraño.

Eran pasadas las 8 de la mañana del día 1 de octubre, cuando llegué a Quibdó, en donde Cristian Herrera, representante de Fontur, y las operadoras Viviana Borja y Candy Mena de la empresa operadora Seguir Volando Tuors, encargadas de nuestra estadía, me recibieron con afables y risueños saludos de bienvenida. Allí, en la sala de desembarque y poco antes de tomar la camioneta que nos llevaría al hotel los Robles, conocí a Luis Alberto Rendón, un joven y experto creador de contenidos alrededor del mundo, y al que también Fontur, dada su numerosa audiencia, lo invitó para exaltar la fiesta con sus publicaciones.

Recuerdo que, en tiempos pretéritos me tocó cubrir en el aeropuerto de los chocoanos el arribo de reinas de belleza, políticos, orquestas internacionales, presidentes, ministros y uno que otro político en campaña, a quienes, sus seguidores y anfitriones les ofrecían la bienvenida con altisonantes recibimientos animados con grupos de chirimías, algunas niñas bonitas, pancartas, libreteados locutores con sus parlantes y el brindis inicial con aguardiente platino o jugo de borojó. Esta vez, se los digo con nostalgia y tristeza: en momentos de las festividades de San Pacho, el carnaval más representativo de los quibdoseños, para los turistas, nativos y periodistas no hubo tal despliegue ni rimbombancia, es decir, el terminal aéreo, una de las puertas de la ciudad no anunciaba que Quibdó estaba en fiesta. “El Seráfico lo perdona todo”, dicen sus fieles seguidores.

Los barrios y la economía

La Yescagrande, es uno de los 12 barrios franciscanos que conforman la fiesta, y que debe organizar y participar de los cuadros del festejo durante 15 días a partir del 3 de septiembre con la alborada general: Lectura del bando y mitos y leyendas, desfile de banderas y comparsas por parte de las instituciones públicas y privadas e invitados especiales, desfile callejero de los barrios con su disfraz y comparsas, balsadas franciscanas de cada barrio y la balsa mayor en donde sitúan el Santo, cuya plataforma flotante es adornada con flores de la región y acompañada de los sacerdotes jesuitas, la banda musical de San Pacho y la presidente de la fiesta, entre otros miembros de la junta organizadora.

El 3 de octubre, luego del recorrido de las balsas por el río Atrato, el atardecer amarillo y rojo hace de los rostros de afrocolombianos, mestizos y extranjeros, un óleo multicultural y andante que informa de la alegría y el jolgorio que se vive en esta ciudad.

Invitados por “Pepe” Corena, presidente de la junta franciscana de la Yescagrande, populoso sector, ubicado en el centro de Quibdó y vecino de los barrios, Yesquita y Alameda Reyes, nos adentramos en las intimidades de una jornada de maquillaje y peinados, últimas hiladas de la confección de los trajes con sus plumas y lentejuelas. Las mujeres, en su mayoría preciosas jovencitas, se acicalaban dentro de una casa improvisada como salón de belleza para mostrarle al mundo la tradición del festejo, la fuerza identitaria que los une, la alegría carnavalesca, y de paso, alzar por lo alto la bandera barrial y ganarse la simpatía de sus paisanos, de los turistas y del jurado calificador para sumar otro triunfo sanpachero.

En este rinconcito, allá más arriba del puente García Gómez, sector de la Yesca Grande, es el modelo barrial que se desarrolla durante la fiesta, del 21 de septiembre al 2 de octubre. El diseño del traje o caché, su confección, el peinado, el maquillaje y los ensayos para las coreografías callejeras, son las anheladas actividades inspiradas por el santo de su devoción y que reúne cada año a sus habitantes.

Con estas señoritas sanpacheras se habló de lo bonito y lo divino de la fiesta. Beto se conectó con lo que sería la primera impresión del sabor y la gozadera sanpachera. Su cámara, acostumbrada a retratar ferias y fiestas europeas, esta vez se detuvo en los pigmentos, sonrisas y rostros de la juventud franciscana y su rico lenguaje.

Conocimos de los yescagrandeños que, el bunde es el rey del rebulú, que bunde, rebulú y comparsa sin aguardiente no existen, que cada traje o cachet con sus respectivas sandalias y el tocado cuestan un promedio de 500 mil pesos y más, que si una maquilladora cobrara por embellecer sus caras, este servicio no baja de 40 mil pesos cada uno, que sanpachero que se respete tiene que tener junto con un avanzado estado físico, no menos de 300 mil pesos diarios para costear la hidratación, el viche y el aguardiente. En San Pacho, cuentan los muchachos que los novios y las novias andan cada uno por su lado y se reencuentran en la verbena alrededor de la orquesta invitada y de un sancocho de carne ahumada con queso, el plato preferido de la fiesta.

La historia de sus calles

Mientras llegaban Leidy Rojas, Silvana Vargas y Carlos Alberto Velásquez, los otros tres creadores de contenidos, invitados por Fontur y la Alcaldía de Quibdó para promocionar a San Pacho, Beto, recorría por primera vez en su vida las calles de Quibdó. En la caminata por la Calle de los Robles, rumbo al convento a presenciar la feria ancestral que organizó la Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó, le dije que desde 1926 se realizan las fiestas de San Pacho, gracias al Fraile Franciscano Matías Abad, que la Catedral San Francisco de Asís, nació a partir de las chozas que este sacerdote terminó de construir el 4 de octubre, y que la carrera primera, fue la fundacional de las arterias de Quibdó y testiga del voraz incendio del año 1962, en donde las llamas arrasaron con las casas de madera y los víveres y enseres que estaban en sus adentros.

El Convento, es una edificación patrimonial que sirve de autoridad eclesiástica y en donde se realizan encuentros para promover la literatura regional, los derechos humanos, y se capacita a los habitantes en áreas propias para la supervivencia de ellos. Allí también se programan presentaciones de arte, danza, poesía, canto y se le abre espacio a cuenteros populares. Este paraje turístico por excelencia, vecino de la casa donde nació el fundador del Grupo Niche, Jairo Varela, hoy convertida en un moderno y blanco edificio de apartamentos de alquiler, le da la espalda al rio Atrato, y sirve de atrio fotográfico y de privilegiada tribuna para disfrutar el tránsito de canoas repletas de plátano, bocachico, doncella, lulo, achín, marañón y borojó. El avistamiento de los patos en sus faenas de caza de peces en el río Atrato, es un emocionante parche que no se puede perder al visitar esta ciudad de 150 mil habitantes.

Junto al Baudó y el San Juan, el río Atrato es la vertiente hídrica más importante de los chocoanos, porque es la vía que los comunica con otras latitudes distantes y cercanas y porque de sus entrañas se extrae variedad de peces para el consumo diario. Desde el malecón Jairo Varela, lugar de recreación y punto de encuentro de deportistas, familias y amigos, es común ver el alzar de manos despidiendo a los pasajeros embarcados en un bote con destino a pueblos ribereños como Tagachí, Bojayá, Murindó, Riosucio y otros más hasta alcanzar a Turbo, Unguía, Acandí y Capurganá, en el mar Caribe, una de las dos mares que posee este departamento, pero que carecen de una carretera que conduzca a ellos.

Entre el sueño, la frustración y la nostalgia, le dije a Beto y a Cristian que, hay niños y adultos chocoanos que se mueren sin conocer los dos mares que posee el Chocó y desconocen las maravillosas playas de Bahía Solano, Acandí y Nuquí por falta de una vía terrestre y los altísimos costos de tiquetes aéreos. Mientras un trayecto desde Quibdó hasta Turbo, sobre las aguas del río Atrato, demora 7 horas en lancha rápida y cuesta 150 mil pesos por persona, un pasaje aéreo desde Medellín hacia estos prodigiosos lugares de veraneo, le valen al nativo y al turista 400 mil pesos.

Las calles polvorientas por las que transportaban al santo patrono de los quibdoseños, datan de los años 1926 hasta promediar los 80 y 90, y en los que el pavimento apareció para aliviar el peso sobre los hombros de sus seguidores cargando el santo en cumplimiento de mandas durante el masivo y solemne peregrinaje del 4 de octubre.

Las 31 calles y 9 carreras que atraviesan a Quibdó, la cada vez más franciscana ciudad, han venido cambiando y creciendo de la mano de la fiesta que completa más de 350 años desde que inició y fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2012.

Y es que los cambios de la fiesta tienen que ver con la desaparición de las vacas locas, las varas de premio y el recorte del desfile barrial que se hacía por las calles principales de los 12 barrios; hoy, el carnaval recorre el anillo asfáltico de la ciudad, facilitando la mayor y mejor lucidez de los músicos, de los comparseros y del disfraz o muñeco en movimiento, cumpliendo con varios de los  preceptos de la salvaguardia de una de las expresiones culturales más importantes de la comunidad afrocolombiana.

Cifras y Sanpacheros de verdad

Según las cifras del Pulso Social del Dane del 2023, la informalidad laboral se reduce al “rebusque”, dentro de un segmento poblacional que disminuyó en el porcentaje con relación al mes de agosto de 2022. Para el 2023, el total fue del 55.9% y el año anterior se ubicó en 57.4%

Y seguidamente informa el Dane que, la inseguridad alimentaria tiene que ver con que tres de cada diez hogares en el país consumen dos comidas diarias.

Las cifras del Chocó y en especial las de Quibdó, no se conocen o no se investigan. Previo al carnaval de San Pacho poco o nada se sabe de cuántos turistas ingresaron a la fiesta en el 2022, cuánto fue el crecimiento económico de la cadena de valor turística: transportes urbanos, aéreos, fluviales y terrestres; de restaurantes, artesanías, ventas de ropas y de bebidas ancestrales, inversiones del gobierno nacional y de la administración pública y privada en la fiesta, patrocinios públicos y privados para la misma, guarismos de seguridad ciudadana, trabajo informal, hambre, desnutrición, y otros sinnúmeros de variables económicas y sociales que bien pudieran darle a la fiesta un plus de ser un evento metropolitano, tomar correctivos del caso, implementar las actividades  y atraer más turistas. Sin embargo, me tocó ver a algunos dirigentes que tienen esas responsabilidades rasgándose las vestiduras ante el Santo, orando, cumpliendo mandas y rogando que les arrope de salud y de éxitos en sus actividades. Le informé a mis colegas que, en Quibdó hay no menos de 4 centros universitarios, el Sena, un Instituto de Investigaciones Ambientales, más de tres entidades de cooperación internacional y una Cámara de Comercio que, liderado por la Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó, pudieran unirse  y entregarle al país y en honor a San Francisco de Asís, una robusta investigación sobre el comportamiento social, cultural y económico de la ciudad y su fiesta, y demostrar que se es un sanpachero de verdad. Sin embargo, San Pacho a todos nos perdona.

La apuesta de Fontur

Silvana, Leidy y Carlos, son tres avanzados y carismáticos contadores de cortas e ilustrativas historias de pueblos, eventos y fiestas en Colombia que, a través de sus reconocidas y enriquecedoras creaciones de contenidos, se han ganado en sus cuentas y redes sociales el seguimiento de miles de colombianos y extranjeros. Con ellos tres y Beto, ya éramos cinco periodistas invitados por Fontur y la alcaldía de Quibdó, metidos dentro de la culturalidad, el fervor, el colorido y la fe de los quibdoseños.

Acostumbrados a viajar por el Amazonas, el Eje Cafetero, el Caribe y Zona sur del país, retratando los haceres y saberes de la gente que teje sociedad y promueve el turismo de los pueblos que no son tenidos en cuenta para las industrias televisivas, estos colegas no solo pisaron por primera vez la capital chocoana, sino, sintieron el caliente asfalto y el sol ardiente del desfile del barrio la Yesca Grande.

Y esa era la idea de Fontur: dejar que cinco narradores colombianos le dijeran libremente al mundo, cada uno desde su mirar y sentir, lo que se vive en la fiesta: caminar por entre sus calles, avistar las canoas repletas de frutas y gente, perderse por entre los olores de las aromáticas y verduras chocoanas, tener al frente al bocachico y al bagre recién sacados del río, retratar un lulo chocoano, hablar con los danzarines o comparseros, con sus músicos y disfraceros, que inauguraran el paladar con sopas de queso y de carne ahumada; descubrir y deleitar las galletas de jengibre, y brindar con vino de Vígua y con la curada de Doña Ana, una divina y agraciada  octogenaria que llegó del río Opogodó a vender sus productos en la feria del Convento.

Avistar un bunde “ajustado” y escuchar sus vozarrones con los brazos danzando por los aires como queriendo tocar el cielo, solo se vive en San Pacho

La de San Pacho, es toda una fiesta cargada de alegría por donde se le mire y camine, es un baile colectivo animado por el sonido orquestal de la chirimía y el oe oe que simboliza el lenguaje de felicidad y gozo de una juventud que quiso en esta versión festiva, mostrar lo mejor de su ciudad. Y a fe que lo lograron con su buen comportamiento.

Dos días antes de la bajada de banderas que anuncia el final del festejo, vi a varios feligreses arrodillados ante el santo queriendo espantar el sufrir que les ocasionan las carencias y necesidades en sus hogares, alejar los quebrantos de salud y el cómo se la gozaron en los 15 días que dura la festividad. Para el 2024, ofrecieron sus promesas en señal de agradecimiento a su venerable seráfico.

Un sector de la prensa regional junto a los creadores de contenidos en el malecón Jairo Varela.

En sus cuentas de Instagram podrán ver las notas creadas por los comunicadores invitados por FONTUR/ @Eldiario de Beto/ Villavicencio Dia a Dia/ unarolaviajera/ silvienmarcha

Es que para estos ilustres visitantes y expertos en creación de contenidos, invitados por Fontur y la alcaldía de Quibdó, todo les parecía novedoso y vistoso a medida que pasaban las horas: la densa humedad del trópico poco les importaba, las cámaras de sus celulares no se cansaban de enfocar las mejores postales sanpacheras, se refrescaron con jugos de borojó y lulo cocido y se entreveraron dentro del carnaval para estar más cerca al bunde, a tal punto de ver los poros chorreando borbotones de sudor en “las caras lindas de mi gente negra” .

”Pepe” Corena, Presidente de la Junta Francisca del barrio la Yesca Grande

Otras postales Sanpacheras

Espere segunda entrega: Las balsadas y Tutunendo, destinos Fontur