Por AntonioCalidadSànchez.

Hace pocos días se subió a un avión con destino a Washington. En su maletín que rueda de manera fácil lleva tres mudas de ropa y un computador, donde dice almacenar la real situación de las víctimas y desplazados afrocolombianos y las denuncias ante los organismos internacionales para que protejan a sus paisanos

En su pierna izquierda, lleva la inocultable e inseparable cicatriz de una de las balas que casi le quitan la vida en los altos de Cazucá, en Bogotá.

En cada regreso del exterior dice traer solidaridad y apoyos internacionales para su comunidad, los cuales alivian las heridas y borran por momentos los recuerdos que dejaron las balas asesinas de los paramilitares a lo largo y ancho de la región del Medio y Bajo Atrato en el Chocó.

Êl se llama Marino Córdoba, desplazado, de origen Quibdoseño y presidente de AFRODES, entidad que agremia a 96 organizaciones de afrodescendientes víctimas del conflicto armado y representante de aquellos que han tenido que emigrar a otras ciudades y países por la desatención del gobierno nacional y la falta de oportunidades laborales. Entrevista.

El AfroBogotano, porqué usted se desplazó a Bogotá?

Marino Córdoba: El 20 de diciembre de 1.996 los paramilitares se tomaron a Riosucio dentro de una incursión macabra denominada “Operación Génesis” y arrasaron con lo que encontraron al frente. Mataron líderes, desaparecieron a jóvenes y comerciantes y, desde esa fecha hasta febrero de 1997, a más de 20 mil personas.

El 13 de diciembre de 1996, el Incoder hizo entrega de varios documentos de Título Colectivo de las tierras a las Comunidades Afrocolombianas en seis áreas del rio Truandò, en el municipio de Riosucio. En total se entregaron 53,000 hectáreas, se beneficiaron 217 familias, 1,214 personas de la cuenca del rio Truandò, en desarrollo de la Ley 70 de 1993. Estos se constituían a la fecha los primeros títulos colectivos de los más de cinco millones de hectáreas de tierras que en la actualidad se han reconocido como propiedad privada a las comunidades negras de Colombia.

Durante ese tiempo, los paramilitares, con el apoyo militar del ejército nacional, bajo al mando del General Rito Alejo del Rio, comandante de la Brigada 17 con sede en Carepa, Antioquia, se apoderaron de tierras de familias afrocolombianas de las comunidades del bajo Atrato, ricas para la siembra de yuca, plátano, maíz, arroz, y cubiertas de la mayor biodiversidad del país y del continente.

Los paramilitares invadieron las fincas de sembrados de coca, palma africana y ganadería. Fue un holocausto difícil de olvidar.

El AfroB, ¿y a usted lo persiguieron?

M.C: Claro que sí, por esa razón tuve que salir del país en el 2002 para buscar asilo político en los Estados Unidos. Para la época yo era el presidente de la Organización Campesina del Bajo Atrato- Ocaba.

En esa posición de dirigente era una piedra en el zapato para la Empresa Maderas del Darién, una de las principales explotadoras de los recursos forestales de la región, con anuencia del gobierno nacional. Esta empresa, pese al desplazamiento forzado de las comunidades del municipio en 1996, aún sigue en la zona haciendo uso de los mismos y fue una de las que ha financiado económicamente a los paramilitares. Así ha sido fácil para ella porque puede acceder a los recursos naturales de la zona sin el debido permiso de la comunidad, exigido por las autoridades tradicionales -consejos comunitarios- creados mediante la ley 70. Aun sigo siendo objetivo militar.

El AfroB, ¿que originó la arremetida paramilitar?

M.C: Muchos factores e intereses. Los territorios de Riosucio como en todo el Pacifico son ricos en biodiversidad, recursos minerales, hídricos, maderables, flora y fauna. En Riosucio muchas empresas nacieron y aún siguen haciendo uso de sus recursos naturales, sin tener en cuenta a sus habitantes tradicionales, afros e indígenas.

En Riosucio se pueden contar fácilmente las empresas que se adueñaron de los recursos forestales: Maderas del Atrato, Maderas de Urabá, Maderas Pizano y Maderas del Darién, entre otras. Todas han engrosado sus finanzas en esta región con permisos de aprovechamiento forestal entregados por las autoridades del gobierno desde Bogotá.

Aquí los que históricamente han perdido son sus habitantes, primero porque mediante la Ley 2da de 1959, ese territorio fue declarado baldío y de propiedad del Estado, lo que no permitía que se diera titulación de las tierras a los habitantes o dueños, ni individual ni colectiva.

A buena hora la ley 70 cambio ese patrón corrupto creando las autoridades tradicionales- consejos comunitarios-, quienes asumían responsabilidad de limitar sus territorios, recibir títulos colectivos y otorgar permisos forestales.

El AfroB, ¿Cuál fue la reacción de los madereros y de las autoridades?

M.C: Ellos convocaron a reuniones con los líderes comunitarios para hacer acuerdos bajo prebendas económicas. La comunidad se rehusó y entonces las empresas asumieron que las comunidades no les darían permiso de aprovechamiento forestal.

Otras razones fueron la posibilidad de construcción del canal Interoceánico Atrato-Truandò, anunciado por el presidente Ernesto Samper y la de convertir a la zona en un área de comercio internacional que contrastaba con la autonomía reconocida a las comunidades tradicionales.

Otro argumento fue la salida al mar que busca el departamento de Antioquia por el Choco. Para la época el hoy senador Álvaro Uribe, ya sonaba como auspiciador de las incursiones paramilitares en la zona del Urabá

El AfroB, ¿Y usted qué hizo?

M.C: Huí y me refugié en la selva junto con otros miembros de la comunidad, hombres y mujeres que emigrábamos para salvar nuestras vidas. Caminamos durante días y noches hasta que llegamos a las comunidades rurales del Rio Salaqui, afluente del Atrato. Allí permanecí varios días y la fiesta de ese diciembre la pase en la selva.

En enero del año 1997 decidí salir de la zona, mi propósito era irme a Quibdó. Contraté un embarcación pequeña, que allá le llamamos bote, para que me guiara por el río.

Mientras yo viajaba con uno de mis hermanos menores en el bote fuera de borda de 40 caballos de fuerza, en el corregimiento de Curvaradò, logramos sortear un retén controlado por paramilitares, ejército y la policía.

Llegamos a Vigía del Fuerte, Antioquia. Un policía que me conocía me llamó e informó que varios hombres armados pertenecientes a los paramilitares me estaban buscando en el rio Atrato. Con mucha suerte logrè llegar a Quibdó. Me oculté por un mes en el río Munguidó. Días después decidí salir hacia Bogotá.

El AfroB, ¿Y qué recuerda de sus primeros pasos en Bogotá?

M.C: Me acuerdo que en el año de 1.997 la hoy alcaldesa de Quibdó, Zulia Mena, era la representante de las negritudes en el Congreso de la República. Ella me recibió en su casa y brindó el apoyo solidario y me consiguió un trabajo en la unidad legislativa de su despacho.

Nos propusimos y logramos realizar una labor barrial en Bogotá que consistía en identificar a las víctimas y otros paisanos que venían en busca de mejores oportunidades de empleo y estudio.

De ahí nació la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados AFRODES. Inicialmente con familias desplazadas a Bogotá. Hoy AFRODES es una organización de segundo nivel. 96 organizaciones de afrocolombianos y consejos comunitarios la convierten en una institución reconocida por sus ejemplos y trabajos a favor de la comunidad vulnerada, sea negra, raizal, afrocolombiana o palenquera

Tulia Macaria Asprilla. “Llegué desplazada a Bogotá en el año 2000. La guerrilla nos amenazó a los que teníamos una tiendita sino les pagábamos una vacuna. A un amigo que tenía un bote  la guerrilla lo asesinó en la escuela frente a nuestros ojos porque no quiso prestarles el bote de su propiedad. Esa pesadilla no se la deseo a mis paisanos.  Vivo en Bogotá con mis cuatro hijas. Gracias a Afrodes los desplazados en Colombia podemos lograr capacitarnos y conocer de nuestros derechos”.

Tulia Macaria Asprilla.
“Llegué desplazada a Bogotá en el año 2000. La guerrilla nos amenazó a los que teníamos una tiendita sino les pagábamos la vacuna. A un amigo que tenía un bote la guerrilla lo asesinó en la escuela frente a nuestros ojos porque no quiso prestarles la embarcaciòn de su propiedad. Esa pesadilla no se la deseo a mis paisanos.
Vivo en Bogotá con mis cuatro hijas. Gracias a Afrodes los desplazados en Colombia podemos lograr capacitarnos y conocer de nuestros derechos”. Foto/CalidadSànchez

 

Eliecer Chaves,  “Llego a Bogotá desplazado porque fui amenazado por los paramilitares en Riosucio Chocó, dentro de la incursión del año 1.997 denominada “operación rastrillo”, en la que asesinaron y desplazaron a la gente ubicada en la cuenca baja del río Atrato El Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano-CONPA, hay que impulsarlo para que los diálogos en la Habana no excluyan a nuestros territorios y a sus gentes.  No tenemos voz ni voto en la Habana a pesar que nuestros territorios fueron el campo de guerra y nuestros hijos murieron por las balas de la guerrilla y de los paramilitares.  El desplazamiento forzado es una dolorosa interrupción  social y cultural en nuestra vidas, porque nos toca renunciar a nuestra cultura y adaptarnos a otros entornos que nada tienen que ver con los ríos, música y comida que nos vio nacer y crecer”.

Eliecer Chaves,
“Llego a Bogotá desplazado porque fui amenazado por los paramilitares en Riosucio Chocó, dentro de la incursión del año 1.997 denominada “operación rastrillo”, y en la que asesinaron y desplazaron a la gente ubicada en la cuenca baja del río Atrato
El Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano-CONPA, diseñado desde Afrodes hay que impulsarlo para que los diálogos en la Habana no excluyan a nuestros territorios y a sus gentes. No tenemos voz ni voto en la Habana a pesar que nuestros pueblos fueron el campo de guerra y nuestros hijos murieron por las balas de la guerrilla y de los paramilitares.
El desplazamiento forzado es una dolorosa interrupción social y cultural en nuestra vidas, porque nos toca renunciar a nuestra cultura y adaptarnos a otros entornos que nada tienen que ver con los ríos, música y comida que nos vio nacer y crecer”. Foto/CalidadSànchez

El AfroB: ¿Y cómo nace el contacto con los Estados Unidos?

M.C: En calidad de mentor me eligen presidente de AFRODES. Asumimos el trabajo de organización y de educación a sus miembros sobre sus derechos como víctimas, pero sobre todo, insistimos en la responsabilidad de hacer visible esta situación mediante las denuncias de los hechos de violación de derechos humanos contra la población afrocolombiana.

Pude viajar a varios países de Centro y Sur América, dictar conferencias sobre el impacto y las huellas dejadas por el conflicto armado. También asistí a distintos eventos públicos en el país, lo que permitió denunciar las muertes y arraso de los paramilitares, quienes me identificaron de nuevo.

Me hicieron cinco atentados. Permanentemente tenía que cambiar de vivienda y localidad. Viví en Juan Rey, Diana Turbay, los Altos de Cazucà y, durante ese periodo casi me matan.

Llevo en mi pierna izquierda la cicatriz imborrable de una de las balas asesinas que los paramilitares accionaron en mi contra.

El gobierno Nacional no me brindó la protección y seguridad exigida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, lo que me condujo a salir del país y buscar refugio en los Estados Unidos. Allí permanecí los últimos diez años y obtengo la ciudadanía Americana que me facilita hacer conexión entre los dos países.

El AfroB: Por qué decide regresar a Colombia con tantas amenazas en su contra?

M.C: Prevalido por la situación de mi comunidad y las necesidades de mi pueblo afro decido organizar mi regreso, luego de haber contado mi historia y la del pueblo afro, especialmente la forma como fue brutalmente atacado mi pueblo, Riosucio.

He tenido la oportunidad de educar a mucha gente, a estudiantes, congresistas, iglesias, sindicatos Americanos y autoridades, despertando solidaridad y apoyos para con nuestra gente indefensa en el país.

Hoy, la situación del país ha mejorado y el gobierno nacional me ha ofrecido las garantías para trabajar por los desplazados afro de Colombia.

En su reciente visita a Colombia el pasado mes de octubre. De izquierda a derecha,: el congresista norteamericano, Hank Johnson, Dan Kovalik del Sindicato de Trabajadores del Acero, Carlos Quesada, director del Instituto de Equidad y Género, Willie Baker miembro de la coalición de sindicalistas negros (CBTU), Marino Córdoba representante legal de Afrodes y Coordinador Internacional del CONPA; Sergio Mosquera, director del Centro Muntù Bantú, en Quibdó Foto/Afrodes

En su reciente visita a Colombia el pasado mes de octubre. De izquierda a derecha,: el congresista norteamericano, Hank Johnson, Dan Kovalik del Sindicato de Trabajadores del Acero, Carlos Quesada, director del Instituto de Equidad y Género, Willie Baker miembro de la coalición de sindicalistas negros (CBTU), Marino Córdoba representante legal de Afrodes y Coordinador Internacional del CONPA; Sergio Mosquera, director del Centro Muntù Bantú, en Quibdó
Foto/Afrodes

Izquierda Derecha. Marino Cordoba, Dan Kovalik, congresista Hank Johnson, Gimena Sanchez, Willie Baker y Walter Turner. Miembros de la delegación de los Estados Unidos Foto/ Afrodes

Izquierda Derecha. Marino Cordoba, Dan Kovalik, congresista Hank Johnson, Gimena Sanchez, Willie Baker y Walter Turner. Miembros de la delegación de los Estados Unidos
Foto/ Afrodes

 El pasado 5 de octubre se realizó en el Centro de Memoria de Bogotá el foro "Los Afrocolombianos y el proceso de Paz" con la presencia de líderes provenientes de Buenaventura  Cali, Tumaco, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Santander de Quilichao y de la ciudad capital, entre otras localidades. Luz Marina Becerra secretaria general de Afrodes, Carlo Ángulo líder Afrocolombiano, y Mayer Hakking, de San Andres Isla fueron algunos de los panelistas.  Fotos/ Afrodes


El pasado 5 de octubre se realizó en el Centro de Memoria de Bogotá el foro «Los Afrocolombianos y el proceso de Paz» con la presencia de líderes provenientes de Buenaventura, Cali, Tumaco, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Santander de Quilichao y de la ciudad capital, entre otras ciudades. Luz Marina Becerra secretaria general de Afrodes, Carlo Ángulo líder Afrocolombiano, y Mayer Hakking, de San Andres Isla, en la gráfica, fueron algunos de los panelistas del evento ètnico.
Fotos/ Afrodes

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El AfroB: ¿si usted aún convive con el recuerdo de la guerra, qué lo anima a hablar de paz?

M.C: La construcción de la paz es un deber de todos los colombianos y tiene que ser un proceso que integre a su población, que no excluya y margine a ningún compatriota, y en ese sentido la población afro ha sido discriminada y relegada.

Yo aspiro que en este momento histórico del país, que se busca silenciar los fusiles y construir la paz, los afrocolombianos podamos aportar con propuestas incluyentes y reparativas que salden este dolor enfermizo que llevamos a cuesta.

Hemos visto varios escenarios de construcción de paz, como los de los años 88 y 89 con el M19 cuyos integrantes lograron reintegrarse a la vida civil. Transitaron de manera civilizada y participativa por una constituyente y terminaron en la constitución de 1.991. Allí hubo un asomo de inclusión pero no fue suficiente.

El AfroB: ¿por qué?

M.C: Sencillamente porque a los afros no se les da la importancia en proporción a su aporte político, social, económico y cultural. El país tiene una deuda histórica con los pueblos afrocolombianos, negros, raizales y palenqueros. La ley 70 la echaron al olvido. Esperamos que con reconocimiento y participación real y efectiva esa deuda se pueda saldar.

El AfroB: ¿podemos hablar de cifras?

M.C: Claro que si. Mal contados por el Dane en el pasado censo, hoy somos más de 4,3 millones de afrocolombianos que le aportan al inventario económico, social y cultural del país no menos de diez mil millones de pesos por concepto de impuestos anuales.

El tejido social que a 2014 supera los 10 millones de corraciales ha sido recogido en nuestra carta magna como un pueblo intercultural y pluriètnico que no se ve reflejado en el 000.1 por ciento del presupuesto nacional. Es más, periodista, al pueblo negro el Estado le ha dejado la responsabilidad de vigilar con sus gestos de paz y trabajo las fronteras de Juradò y Acandì, sin embargo, vaya vea usted los cinturones de miseria que se vive en esas zonas. Los mechones de vela y el ronquido de plantas eléctricas son las sobras que mandan desde Bogotà, disque los mas estudiosos hijos del país que ocupan los altos cargos en los ministerios


«Cuando el Consejo de Ministros se sienta a manteles a repartirse la plata de los impuestos de los colombianos, a los afros nos envían las migajas del postre. Este es un país excluyente y racista. No se le olvide periodista»


El AfroB: pero no me habló de las víctimas.

M.C: Desde AFRODES hemos tenido que acudir los convenios y tratados internacionales para defender y proteger a la comunidad afrocolombiana en condición de desplazamiento y vulnerabilidad.

Recuerde usted que el 30 % de siete millones de víctimas son afrocolombianos. Y el gobierno, no solo se resiste a reconocer esta realidad, sino, sin ruborizarse les quiere entregar la irrisoria y humillante suma de 10 millones de pesos a los desplazados para que retornen a sus territorio con un chaleco de frustraciones, por lo cual pierden la condición de víctimas. Nombre y carga que nadie quiere llevar por lo que pesa y significa. Con esos recursos los despachan y borran del sistema, es decir, se deshacen de nuestros paisanos como si se tratara de una cuarta de plátano

El AfroB: ¿Pero el Gobierno Nacional insiste en que todos volverán a sus territorios?

M.C: pero a qué precio?, el gobierno no tiene un diseño efectivo para solucionar el problema de las víctimas, especialmente en el caso de los grupos étnicos como sujetos de derechos.

En nuestro caso, antes de ser víctimas somos hombres y mujeres con derechos especiales y de obligatorio complimiento por el Estado.

Según la Ley 70, comunidad negra es el conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia, comparten una historia y tienen sus propias tradiciones y costumbres dentro de la relación campo- poblado, que revelan y conservan conciencia de identidad que las distingue de otros grupos étnicos.

Eso tiene unas implicaciones legales y culturales y su atención debe ser diferencial.

Por otro lado, estos sujetos de derechos fueron obligados a dejar su ocupación colectiva, que es el asentamiento histórico y ancestral de comunidades negras en tierras para uso colectivo, que constituye su hábitat, y sobre los cuales en la actualidad desarrollan sus prácticas tradicionales de producción.

El tema de reparación, retorno y reubicación de los casi cuatro millones de desplazados, planteado desde la unidad de víctimas, de la unidad de protección y otras entidades conexas no satisface las expectativas de las comunidades.

El AfroB: ¿ante patíbulo escenario que acciones van a emprender desde su organización?

M.C: Lo primero, debemos organizarnos y pasar de la mendicidad a la dignidad. Y para ello hay que formarse en procesos de liderazgo y fortalecimiento para enrutar a nuestra comunidad por el camino de soluciones duraderas, no de favores o de compasión. Dinámicas en las que AFRODES cumple un papel importante

Debemos exigir participación real y efectiva en el proceso de paz que se discute en la mesa de la Habana para que reconozcan esta realidad y enmienden el error a través de los acuerdos. Esos acuerdos se deben traducir en políticas públicas. Si no hay participación y reconocimientos plenos, seguiremos siendo los mendigos, condición a los que nos ha llevado hoy el conflicto armado.

Exigimos estar en la mesa de la Habana porque es allí donde haremos nuestros aportes de país y calidad de vida.


“Nosotros colocamos los muertos y a la hora de solicitar su reparación nos excluyen. Esa es otra muestra que ni a la izquierda ni a la derecha les interesa la vida de los negros de este país. La esclavitud aún ronda en Colombia”


 

El AfroB: ¿Desde Afrodes se ha diseñado una estrategia paralela al Consejo Nacional de Paz. En qué consiste?.

M.C: En respuesta a la desatención para con la situación deprimente de los afros en Colombia y su tratamiento inferiorizante desde algunas esferas del poder. Creemos que es importante movilizarnos desde lo político, es decir, acompañar las intenciones del actual gobierno del presidente Santos con un Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano, CONPA. Y para ello ya hemos avanzado con el apoyo y participación de varias instancias y entidades internacionales, nacionales, regionales y locales.

Es una plataforma pacífica para participar en el nuevo diseño de país.

El AfroB: ¿pero el objetivo principal del CONPA, cuál es?.

M.C: Los afros necesitamos encontrarnos en espacios autónomos que nos identifique y desde donde propongamos propuestas comunes, que además sirva como plataforma para responder a los grandes retos y demandas que el país nos plantea. No podemos hacer esfuerzos individuales.

El Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano-CONPA, busca privilegiar y posesionar la voz de las víctimas afrocolombianas en el marco de los acuerdos de paz con las Farc y Eln. En ese sentido estamos realizando foros regionales que nos permitirá construir propuesta desde la perspectiva afro.

El Estado no ha sido efectivo y capaz de solucionar problemas de las comunidades menos favorecidas, tampoco podemos esperar soluciones, debemos ser propositivos.

El AfroB: ¿en cuáles escenarios, principalmente, cree usted que deben tener voz en la Habana?.

M.C: Cómo es posible que se hable de paz y los Afrocolombianos no estén presentes. Que se hable de preacuerdos de reforma agraria y no se incluyan a los afros que son propietario de más de cinco millones de hectáreas ancestrales. Se viene dialogando y acordando del tema de víctimas y la voz de los que quedamos vivos y conocemos la realidad se nos excluye. La memoria de nuestros muertos está siendo burlada. No queremos más muertos ni destierros en el posconflicto.

El gobierno quiere minimizar el impacto de la guerra en nuestros territorios con fiestas y partidos de fútbol en los pueblos donde la sangre de nuestros hijos del Pacífico y el Caribe sigue húmeda en el piso.

La memoria de nuestros muertos está siendo burlada en la Habana


«Las victimas indirectas son aquellas que sin ser desalojados se ubicaron en ciudades distintas a su origen y les ha tocado recibir a sus paisanos desplazados; compartir con ellos sus historias de miedo, el mismo plato y la misma cama».


El AfroB: ¿Y si no hay sintonía en la Habana con la presencia de una delegación Afro?

M.C: Las presiones sociales son las que nos han dado logros en nuestras regiones: vías de comunicación, hospitales, electricidad y otros gracias a la movilización que hemos hecho los pueblos afro asentados a lo largo y ancho del Pacífico y el Caribe.

Los hechos de sangre donde nosotros ponemos los muertos son mirados de manera distinta cuando ocurren en Bogotá, Bucaramanga o Pereira. Por eso si no hay un espacio legítimo en la Habana para que sean escuchadas nuestras propuestas, nos vamos a la calle

El AfroB: ¿Y, concretamente, que plantearía el CONPA en la Habana?

M.C: Primero, que se reciba a una delegación de líderes y lideresas afro y, dos, que se cree un grupo de trabajo para abordar el tema étnico del país, igual al que se integró con los grupos de mujeres y género

El AfroB: ¿Qué opina usted de quienes dicen que los afro no están preparados para asumir responsabilidades mayores?

M.C: Es un concepto clasista y racista. Tenemos falencias pero hemos avanzado en la formación de nuestro pueblo. Pero esa preparación, sugiero, debe ser con énfasis colectivo. El yoismo nos ha quebrantado buena parte de los procesos. Y es allí donde Afrodes cree que el Afro del futuro no debe apartarse de su origen asociado, donde la minga sea la columna vertebral de cualquier emprendimiento

El AfroB: ¿viajar a los Estados Unidos y sostener un proceso como Afrodes con más de dos mil agremiados y costos administrativos de una oficina, se requiere plata y aliados, cuénteme?

M.C: En Estados Unidos nos han dado un apoyo importante. Los congresistas negros y organizaciones de derechos humanos han validado este proceso serio, responsable y de carácter colectivo.

En el año 2010 logramos que el Congreso Americano situara una partida de 61.4 millones de dólares provenientes de los recursos del Plan Colombia que iban para el gobierno nacional. Y se logró que se redestinaran de manera específica para las comunidades negras e indígenas.

Dineros que fueron a parar a las áreas de fortalecimiento organizativo, generación de empleo a jóvenes en grandes ciudades, apoyos a gobiernos locales y visivilizaciòn en medios de comunicación, entre otros desde la perspectiva afro.

Nuestra incidencia y excelentes relaciones con los aliados internacionales, fue más allá. El nombramiento de Paula Moreno como ministra de cultura y el ascenso del general Henry Moore, se cristalizaron gracias a la presión política que congresistas afroamericanos realizaron sobre el Gobierno de Álvaro Uribe. Era inexplicable que no existiera un afrodescendientes en un alto cargo dentro del gobierno del presidente Alvaro Uribe.

Digamos que Uribe quería que los congresistas afroamericanos le apoyaran con la aprobación del TLC, ellos exigieron que demostrara que los temas afrocolombianos le importaban y se pudo sacar ventaja de esa situación con esos dos nombramientos políticos.

El AfroB: ¿ Para qué le sirve a los afrocolombianos que usted tenga ciudadanía Americana?

M.C: He viajado por las principales ciudades de los Estados Unidos y Europa dando mi testimonio de dolor y muerte que ha padecido el pueblo afro y, la solidaridad de los ciudadanos se han traducido en ayudas como becas, subsidios y defensas en derechos humanos. Varias y connotadas delegaciones internacionales han llegado a Colombia motivados por mi testimonio, entre otros. He colocado mi pasaporte al servicio de la causa afro, para conectar y buscar apoyo político; para avanzar en nuestra agenda por los derechos y la dignidad

El AfroB: ¿Usted teme por su vida?

M.C: Claro que si, pero soy un convencido que la razón de ser de todo afrocolombiano es trabajar por su familia, por su pueblo, por sus amigos y por su paìs. Y si esa lucha es honesta los procesos no fracasan. Quiero que mis hijos se eduquen pensando siempre en servir al prójimo. Es la regla de la vida, hacer algo por los demás sin esperar nada a cambio. Somos pasajeros en este mundo. Nada se va con nosotros, todo queda o termina aquí mismo.


El Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano-CONPA, es una instancia de coordinación de acciones entre todos aquellos procesos organizativos afrocolombianos que comparten el interés y el compromiso de contribuir desde una perspectiva étnica afrocolombiana a la “Mesa de Conversaciones para la Terminación del Conflicto entre el gobierno nacional y la FARC-EP, la Mesa de Conversaciones que se adelante con el ELN y otros espacios que conlleven a la Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia”, y a los procesos sociales e institucionales que conllevaran el post-conflicto.

Nuestro objetivo es la construcción de propuestas colectivas y consensuadas entre los procesos organizativos participantes, las cuales serán comunicadas y promovidas dentro de los mecanismos institucionales que se vienen desarrollando o se crearán en el marco de la negociación de la paz y el post-conflicto. Por eso seguiremos trabajando como pueblo Negro, Afrocolombiano, Raizal y Palanqueros para educar, producir pronunciamientos y acciones sociales en favor de nuestras comunidades, como actores sociales y constructores de vida, buscando con ello que seamos escuchados e incluidos como grupo étnico en los distintos escenarios de construcción de paz con justicia social y diferencial.