La sorpresa los dejó a todos con la boca abierta, el corazón pareció reventar, y  la plácida mirada que danzaba a la par con los espectaculares bailarines, no se distrajo un segundo durante el desfile callejero nunca visto en las fiestas de San Pacho, que se celebran en Quibdó.

Por Antonio Sanchez/fotoperiodista

El barrio la Yescagrande se lució, gustó alegró y puso a gozar a todos los nativos y turistas apostados dentro y fuera del jolgorio, pletórico de belleza, delirio y felicidad.

Esta vez, la sensualidad y la pícara imaginación se colaron en el corazón de los Quibdoseños. De Bolivar, se unió a la multitudinaria hilera festiva, la comparsa Ekovios, una agrupación Cartagenera que llegó a esa capital con 50 maletas repletas de trajes, accesorios, maquillajes y con 18 congos de oro ganados, como su principal carta de presentación.

En su deslice coreográfico, presentó una muestra de danza y color. Atléticos cuerpos adornados de multicolores plumas, moños altivos, aretes  y, las diminutas piezas que cubrían sus partes nobles y seductoras, fue el vestuario seductor que engalanó la tarde soleada de la capital Chocoana.

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Una comparsa ejercitada que no renunció a los 30 grados de temperatura y a recorrer los 12 kilómetros del anillo Franciscano. Con la siempre sonrisa, estos Ekovios Cartageneros, se ganaron los elogios y aplausos ante la exquisita creatividad y talento en su exposición artística.

Y es que, por tan rimbombante manifestación cultural, Catalina Palacios, hermana de Javier y abogada que trabaja como fiscal en esta ciudad, quedó poseída y maravillada ante la bella postal que alimentaba su retina y aceleraba su palpitar. Como ella, los Quibdoseños, se rindieron a los pies de la marcha repleta de lentejuelas, flores, finas mantas, tocados, ingeniosos diseños, y unas aguantadoras y delgadas zapatillas para el recorrido de cuatro horas, para lo cual hay que hidratarse de principio a fin. El Licor cumplió su función de anestesiar el cansancio y duplicar las fuerzas.

 

Hay quienes dijeron que los Yescagrandeños, la tenían “guardadita”, el vestuario de sus comparsas confeccionadas en secreto por algo más de 60 días, en su mayoría por las amas de casa y sastres profesionales de Quibdó, provocaron alzar el vuelo de las palomas, al paso del ramillete bailarín, frente a la Catedral del Seráfico de Asís. El río Atrato cambió de colores ante el reflejo de la murga festiva. El encanto fue total


Los Cachés, de variados y ricas expresiones simbólicas representaron a personajes locales y nacionales. El candor de los niños, niñas, jóvenes y, hasta adultos mayores, hicieron del día clásico de la Yescagrande que su celebración fuera como su apellido:  Grande.   


En el Bunde, la gran masa humana de bailarines improvisados, de olores y cantores, no recibía una garganta más. El Filurí FuFá del Revulú, con más de tres mil personas,  no censura entradas ni salidas del tumulto. Desde muy temprano se disputaban la línea más cerca al móvil donde va el cantante Alex Pichi. y vitorear y palmotear sus canciones.

El eco del clarinete, la tambora y de los cánticos, con su oe oe oe,  llegaban hasta los  oídos de los vecinos de Bahía Solano, nombre del barrio que tutela las fachadas de la Plaza de Mercado,  el Malecón,  el Banco de la República, el Convento, el Restaurante Brisas del Atrato y a los embarcaderos sobre el río Atrato.

Todos, con la cámara de su celular, querían dejar retratada una postal para el álbum familiar y la memoria cultural de la ciudad.

El Disfraz. Chocó 70 años fin de la perversidad

Un andamiaje con sus muñecos en escena, que se abría paso por entre la multitud con un mensaje social cargado de resistencia y sufrimiento. Una creación artística que informó de cuántos flagelos y adversidades ha padecido el pueblo Chocoano en los últimos setenta años: la violencia, el desplazamiento, el abandono estatal, la corrupción, las invasivas conductas y comportamientos que riñen con la historia y ancestralidad del pueblo Afro. Pero también, este culto al ingenio artístico le hizo un llamado a la unidad del pueblo Quibdoseño; a que retome el cauce del hombre honrado, cívico, respetuoso y responsable con su familia y con su entorno. Que honre a San Francisco de Asís.

Con lo sucedido ayer, el barrio Yescagrande, este tradicional sector, le imprimió un nuevo personaje a la fiesta con sus invitados de lujo y, ante monumental despliegue de fiesta, les deja a sus competidores una vara altísima para superar, pero también un reto para el jurado a la hora de calificar cada uno de los cuadros de la fiesta patrimonial de la humanidad, que en sus 370 años, sigue vigente y sumando adeptos nacionales y extranjeros.

Lucina Ruth Lemos Mosquera, presidenta de la JFF del barrio Yescagrande/foto FFFQ

Nombre.

Su nombre se originó por estar ubicado en la margen derecha de la quebrada La Yesca, en su parte más extensa, y por los trozos de madera fosilizados que se encontraban sumergidos en su lecho a los que se les llamó yesca; los cuales eran utilizados por las señoras que lavaban ropa o trabajaban la minería para encender sus tabacos y calentar los alimentos que portaban, por el trabajo que realizaban.

 

Ubicación.

El barrio Yesca Grande, se encuentra ubicado en el centro de la ciudad y limita así: al oriente con el barrio El Jardín, al occidente con el Rio Atrato, al norte con el barrio Pandeyuca y al sur con el barrio de la Yesquita. En la actualidad ha crecido notablemente su población, hay muchas casas ubicadas en el lecho de la yesca, pues ésta se ha secado, permitiendo así construir viviendas.