Pobladores, animales y hasta ballenas que visitarán el Pacífico acabarán afectados por el crudo.

Los riquísimos ecosistemas de fauna y flora de Tumaco, afectados con el derrame de 410 mil galones de crudo hecho por las Farc, nunca se recuperarán por completo.

Eso concluye Germán Corzo, investigador de Instituto von Humboldt, quien explica que la mayor afectación está sobre los microorganismos, moluscos y peces que habitan las corrientes de agua contaminadas.

“Las aves, mamíferos y por supuesto las personas que se alimentan de estas especies –explica Corzo- ya se están viendo afectados. Las aves playeras, por ejemplo, consumirán parte del crudo por la capa de aceite que está sobre los ríos; las marinas, que pescan sobre el agua, tendrán problemas para atrapar a sus presas y volarán con dificultad, cuando sus alas se peguen. Habrá especies que quizá verán diezmadas sus poblaciones”.

El crudo derramado en el río Mira, que alcanzó la bahía del Pacífico, afectó el ecosistema del manglar más grande del país, que se encuentra a lo largo de toda la costa de Nariño.

“Este ecosistema es muy rico –agrega Corzo- y aporta una tercera parte de la energía que necesitan las comunidades costeras de todo el mundo. El manglar de Nariño está llenó de microorganismos y rodeado de varios tipos de árboles que ahora están contaminados. Además, sirve de cuna para muchas poblaciones de peces y moluscos que escogen estos lugares para reproducirse. Allí están los crustáceos de los que se alimenta la comunidad de Tumaco”.

El daño a los ecosistemas implica afectaciones humanas que empiezan a notarse. Especies como la piangua, un molusco de gran tradición gastronómica en la zona, también recibió un impacto negativo de gran magnitud. Según Corzo, “se puede recoger la mayor cantidad de crudo posible, pero quedará una cantidad importante en el suelo y en el fondo de las playas. A largo plazo se notarán problemas en la fisionomía de las especies que se alimentan de los microorganismos”.

Se espera que para cuando lleguen las ballenas yubarta a esta zona del Pacífico colombiano (lo cual ocurre entre julio y noviembre) buscando aguas cálidas para tener a sus crías, ya se haya diluido, “sin embargo, esta especie se alimenta de cardúmenes y krills; es probable que no encuentren la cantidad suficiente para consumir durante la migración y corren el riesgo de ingerir especies contaminadas”.

‘Hechos deben despertar rechazo de la sociedad’

Ambientalistas del país coinciden en que los daños ocasionados a la naturaleza no se quedan solo en agresiones ecológicas, sino que terminan siendo tragedias humanas.

Elsa Matilde Escobar, directora ejecutiva Fundación Natura, dice que no se trata de determinar si esta es la mayor afectación de la historia reciente. Lo claro –señala- es que el daño que genera es gigantesco e irreparable.

“No hay los estudios necesarios para saber cuántos años tardarán los ecosistemas en volver a quedar limpios. Es impresionante el impacto que tiene también sobre la población, que quedó sin agua, sin poder producir, sin pescar. Es un desastre socioambiental terrible”, insiste.

El experto en política ambiental Julio Carrizosa dice que si bien en los primeros años de la construcción del oleoducto Caño Limón Coveñas fueron constantes los atentados del Eln, no ha habido estudios de las consecuencias de esos derrames que permitan estimar un plazo para la recuperación de los ecosistemas. Sin embargo, cita un derrame mayor, el del buque Exxon Valdez en 1989 que se dio en Alaska (Estados Unidos), cuyos efectos han continuado durante muchos años.

Para Margarita Marino de Botero, ambientalista y exdirectora del Inderena, estos hechos deben despertar el rechazo de la sociedad.

“Las únicas alternativas legítimas y eficaces que tenemos para evitar estos crímenes ambientales son el rechazo rotundo de la ciudadanía, la génesis de un gran debate de concientización como el que propone la encíclica papal (Laudato Si), y admitir que los problemas ambientales rebasaron las capacidades de control y de sanción de los gobiernos, lo que hace necesario proponer la creación de un tribunal jurídico en materia ambiental que cuente con jueces expertos en medio ambiente y el soporte de especialistas de la ciencia y la tecnología”, dice Marino.

Los expertos señalan que en el marco del conflicto el medio ambiente está dentro de las víctimas. “Ha sido el gran afectado en estos años de conflicto, con grandes deforestaciones, y hoy son los efectos de la contaminación aquí y allá. Además del procesamiento de la coca y todo lo que esto conlleva”, lamenta Escobar.

Añade que es ilógico que las Farc emitan un comunicado alabando la encíclica del papa, cuando hacen lo contrario, con impactos tremendos sobre el ambiente, la gente y el pueblo.

Marino de Botero insiste en que estas crisis ecológicas se vienen dando cada vez más desde los 60 y aún la sociedad no las comprende. “Mientras no se entienda que la devastación de la naturaleza resulta en desastres sociales no estamos comprendiendo algo esencial: la dimensión humana de la defensa de la naturaleza”, concluye.

VIDA / AMBIENTE/ElTiempo