Es el clamor que desde Acandì le envía al presidente Juan Manuel Santos, doña Ruth Prestan Carrascal, la madre del médico Edgar Torres, secuestrado hace tres años por el ELN en el Chocò sin que hasta la fecha se conozca de su paradero y de alguna señal de supervivencia.

Por AntonioSànchez/fotos:Ingrid Lloreda

La encontramos vencida sobre una vieja hamaca, mirando al cielo como si leyera entre las nubes, noticias que pongan fin al martirio que relata cada minuto que le preguntan por la suerte de su hijo.

Sentarse al lado de una madre, con grabadora en mano, dispuesta a contarnos su dolor y lucha. No es tarea fácil. Sus lágrimas que empiezan a escasear, son las últimas que derramó al caer la tarde de sábado, en Acandì.

Un Municipio al norte de Colombia y fronterizo con Panamá que por estas días está de fiesta mientras ella sufre y sufre como si con sus quejidos quisiera liberar al médico que graduó a punta de vender pasteles, cocadas y chorizos.

El callejón de cinco metros que nos llevó hasta su bohío de iraca y cedro, queda ubicado en el barrio central de esta localidad. En las noches los reggaetones y vallenatos acompañan el frío desvelo de una madre inconsolable. Sus dos habitaciones sobre un piso de baldosin hacen parte de las viviendas que componen la zona rosa del municipio costero.

Sus fuerzas flaquean pero se resisten a vencer. Una a una sus respuestas van saliendo expulsadas por un corazón que reclama sosiego para no reventar sus venas.

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La cámara de Ingrid, mi  fotógrafo, no la distrae. Interrumpe su conexión celestial para contar que a su hijo se lo llevó la guerrilla en el corregimiento de Palestina, municipio del Bajo San Juan en el Chocò y en límites con San Isidro-paraje de Buenaventura.

Detiene su agonía para decirnos que a Edgar Torres lo bajaron de la canoa que lo llevaría a una misión médico-veredal, en cercanías de su lugar de trabajo.

Acude a su aún envidiable memoria para recordarlo en sus mejores momentos cuando llegaba de vacaciones desde la universidad Rafael  Núñez en Cartagena, lugar donde estudiaba su carrera de medicina y que posteriormente se recibió como médico.

“Mi niño llegaba a trabajar para recoger su plática del próximo semestre. Los chorizos, cocadas, tamales y pandulce los trabajábamos entre los dos. Nos íbamos por la calle a venderlos. Él es muy buen cobrador y la gente lo quiere mucho porque èl es muy noble y simpático con todo el mundo”

Remarca que Edgar es tan humilde y juicioso que cuando regresaba de estudiar, los calzones de su abuela y mi ropa, él era quien la lavaba. No permitía que nosotras nos cansáramos

Doña Ruth,  hila uno a uno los momentos difíciles  que soportó para criar y formar a su hijo,  quien desde los dos meses de nacido fue abandonado por su padre.

Expresa con orgullo que Edgar nunca dio lidia en la calle ni tenía enemigos. Reclama a sus captores respuestas como el porqué se lo llevaron y el porqué se lo quitaron si él era para ella su único sustento de vida, su razón de ser feliz.

Nos ordena una gaseosa con una de sus nietas mientras se reacomoda en la hamaca. Pide que le traigan la foto del grado de su hijo que adorna su habitación de  ocho metros cuadrados y alumbrada por el sol que se cola entre los separadores de la ventana de madera que da a la calle.

En Acandì el servicio de energía es a cuenta gotas con unas plantas elèctricas a base de combustible


“Ese es mi hijo, míralo tan bello. Ese día fue cuando se graduó”. Desliza su mano derecha una y cada vez más por entre su rostro que protege el vidrio. Llora y no cansa de llorar. Idolatría maternal incansable. Se conecta de nuevo con el cielo azul Acandilero. Suplica y abraza el cuadro.


Una madre a su suerte

Ella sigue llorando. Nos arranca una lágrima. Su desahogo es solo uno de los miles y angustiosos pedidos de libertad para quien lo es todo para ella: su hijo.

Doña Rut en su “cautiverio”, como ella lo llama, ha perdido 40 kilos de peso. El Icetex aún le cobra a través de su codeudor Luis Alfredo Alvarez, el préstamo de 42 millones de pesos para lograr financiar la terminación de la carrera de su “negro”.

Denuncia que la Corporación Balboa de Medellín no le ha pagado los honorarios a su hijo porque, según esta entidad, él  había abandonado el trabajo. Nunca le creyeron que él està secuestrado.

El espasmo y los dolores que dice tener esta madre Acandilera de 60 años se esconden detrás de su fortaleza y aliento que mojan sus insistentes lágrimas. El martirio le pesa día a día.

Comenta que sale poco a la calle, excepto a ofrecer sus vendajes. Nos cuenta que con ese dinero reúne hasta los 300 mil pesitos al mes son para enviárselos a un nieto que estudia enfermería en Cartagena.

El desmayo de esta madre soltera está echado a su suerte por el Estado. Informa ella que durante los tres años de secuestrado su hijo ningún miembro de la Policía, Fiscalía, Iglesia, Ejercito, Cruz Roja y otra autoridad se le ha acercado para decirle de la suerte de Edgar, o si están haciendo averiguaciones para encontrarlo.

Y sobre cuál es su diario vivir durante esta en esta tragedia familiar, dice que  Aury, Estela, Mayra, Guísela, y Nedeymer, entre muchos más amigos la visitan para animarla en su atribulada situación.

Señala que su tortura aumenta cuando la televisión le muestra los grandes y equipados desplazamientos de las fuerzas militares para rescatar a otros colombianos de mayor “copete”.  “Mi hijo para ellos no vale nada”, recalca

Recuerda que recién sucedió el secuestro se fue desesperada para Cartagena para pedirle a un senador que le ayudara y luego para Quibdó, ciudad donde demoró dos meses sin que nadie le abriera las puertas y le informaran de Edgar. “Me regresé con las manos vacías y mi corazón más dolido que cuando partí”.

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El AfroBogotano, gracias al apoyo del señor Neyder Pacheco Díaz y al grupo en el face, Acandì para Todos, para hacer este reportaje, llegò hasta el colegio Diego Luis Córdoba, institución donde Edgar Torres se tituló como bachiller. Sus compañeros, profesores y administradores coinciden en sentir el dolor de su plagio y en reconocerle sus virtudes de un amigo con vocación de servicio, inteligente y amigable.

Y fueron ellos los que por muchos años jugaban en el patio de su casa, se registraban en fotografías comiendo pollo como un acontecimiento social relevante.

 Nos contó  doña Ruth que Edgar se subía a una montaña en su lugar de trabajo para lograr tener señal en el celular. Desde allí me mandaba sus saludos, “me decía mamá yo te quiero mucho y ahora que soy médico usted no va a trabajar mas”


“Mamá  no se preocupe. Cómprame un pantaloncito y dos camisas y yo con eso estreno en navidad y año nuevo.  Con el mismo pantalón cambio de camisa y listo”,  recuerda su madre con la única sonrisa durante la entrevista


Su pálpito la hace fuerte. La sospecha de que su hijo está vivo no la dejan rendir. “Yo sé que él me está escuchando y que por esta puerta lo voy a recibir de rodillas agradeciéndole al señor Jesucristo. Lo abrazaré, lo tocaré todito para decirle que sin él iba a morir”

Además de su madre, la familia de Edgar Torre, quien el próximo 12 de septiembre cumple 30 años, está compuesta por  sus hermanas Elvira, Edilma, Edelmira, la gorda y su abuela quien se infartó cuando supo la noticia. El médico Edgar Torres tiene una hija de tres años que no alcanzó a conocer poco antes del plagio.


Mensaje al Presidente Juan Manuel Santos

“Le pido presidente, que mire a mi hijo en las redes, en las noticias. Es un muchacho bueno. Haga algo como lo hace con los de más alto rango. Póngase la mano en el corazón. Usted tiene dos hijos. Me tienen al borde de la muerte quitándome a mi hijo. Él es noble, dócil y cariñoso. Yo lo supe criar presidente. Ayúdame por favor. Y cuente con mis oraciones para que se firme la paz y liberen a todos los secuestrados. Esto es muy duro presidente.  Si quiere pregúntele en Cartagena a las viejitas del barrio del Camino del Medio,  aquí en Acandì y en su universidad y se dará cuenta que todos lo quieren. Él es bueno presidente. Hable con los del ELN para que me lo devuelvan. No puedo dormir pensando en que montaña lo tendrán aguantando hambre y durmiendo mal.

Presidente, mi hijo puede ser el tuyo, no me deje morir sin volverlo a ver”


 

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“Papi, lo único que te pido es que tenga paciencia, que tu mama te espera, te quiere mucho y te ama. Emily te ama mucho y pregunta mucho por ti.  Espero que llegues pronto papito. Te estoy extrañando mucho. Tú eres mi negro precioso. Sin ti no tengo vida, pero yo confío en Dios. Dame la fuerza para esperarte. Ayúdame señor a vencer todas estas angustias y estos malestares y  que mi negro llegue pronto,

Apenas tú llegues,  la casa será toda felicidad. Te quiero mucho papi, te amo demasiado. Si me toca ir a buscarte voy a la montaña más alta y más lejos. Dime donde estas hijo bello

Tu abuela dice que apenas llegues ella se para corriendo a pesar del infarto que le dio.

Diles a tus secuestradores que te liberen. Díselos hijo. Diles que me voy a morir si tu no vienes. Dios me lo proteja”