Es la primera mujer afroamericana de la historia del EE.UU. de encabezar el Departamento de Justicia.

Loretta Lynch se convirtió hoy en la primera fiscal general negra de Estados Unidos con la promesa de utilizar la justicia como “brújula” para luchar contra el cibercrimen, restaurar la confianza entre las fuerzas del orden y las minorías y proteger al país del terrorismo.

Por: Beatriz Pascual Macías

Washington, 27 abr (EFE).- Loretta Lynch se convirtió hoy en la primera fiscal general negra de Estados Unidos con la promesa de utilizar la justicia como “brújula” para luchar contra el cibercrimen, restaurar la confianza entre las fuerzas del orden y las minorías y proteger al país del terrorismo.

En una solemne ceremonia celebrada en Washington para jurar su cargo, Lynch se comprometió a restaurar la confianza en las leyes y los que las aplican, así como a “proteger a los más vulnerables del flagelo de la esclavitud moderna, tan incongruente con los valores forjados con la sangre de este país”.

“Lo haremos de la misma manera con la que hemos conseguidos todas las cosas grandes y pequeñas: trabajando juntos, moviéndonos hacia delante y usando la justicia como nuestra brújula”, destacó Lynch como fiscal general número 83 ante sus nuevos compañeros en el Departamento de Justicia, donde prestó juramento.

El vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, fue el encargado de tomar juramento a Lynch, quien colocó su mano izquierda sobre una Biblia y con la derecha se comprometió a “defender la Constitución de los Estados Unidos contra todos los enemigos, exteriores e interiores”.

“Ya era hora de que esta mujer jurara el cargo”, bromeó Biden, en referencia al tiempo que ha pasado desde su nominación en noviembre pasado por el presidente estadounidense, Barack Obama, hasta su confirmación por el Senado la semana pasada tras cinco meses de retraso.

Biden aseguró que Lynch “encabezará la marcha hacia una unión más perfecta” y felicitó al padre de la nueva fiscal, presente en la ceremonia y que, durante las sentadas en Greensboro (Carolina del Norte) en la década de los 60, predicó como pastor baptista por el fin de la segregación racial.

“Estoy aquí para decirles: si una pequeña niña de Carolina del Norte que solía decir a su abuelo que la subiera en su mula, para que ella pudiera ver ‘más arriba, abuelito’, puede convertirse en la máxima autoridad para hacer cumplir la ley en Estados Unidos, entonces podemos hacer lo que sea”, subrayó Lynch tras ser investida.

Con una larga trayectoria como fiscal federal en Brooklyn, Lynch, de 55 años, será la encargada de acompañar a Obama desde el Departamento de Justicia en sus dos últimos años de mandato, después de que Holder ocupara el cargo desde que el presidente llegó a la Casa Blanca, en 2009.

Graduada en Derecho por la Universidad de Harvard, Lynch hereda el Departamento de Justicia en un momento tranquilo de su gestión, aunque con los retos de prevenir los ciberataques y frenar el flujo de ciudadanos estadounidenses que tratan de viajar a Siria e Irak para unirse al grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Además, Lynch llega con el deber de continuar el diálogo entre las fuerzas del orden y minorías raciales que había comenzado su antecesor con la instauración de seis programas de reconciliación en seis ciudades del país y el compromiso de renovar las instituciones de Ferguson (Misuri), donde un policía blanco mató el pasado agosto al joven negro Michael Brown.

Desde la muerte de Brown, han tenido lugar varios casos de abuso policial de agentes blancos hacia ciudadanos negros con resultados mortales que han generado tensión entre los distintos cuerpos de policía local y los miembros de la comunidad afroamericana.

Con la salida de Holder, estrecho colaborador de Obama, quedan atrás las presiones al Departamento por las multimillonarias multas que impuso a gigantes de Wall Street por su papel en la comercialización de las hipotecas basura o la polémica por el programa “Rápido y Furioso” (2009), de rastreo de armas que acabaron en manos de bandas de narcotraficantes mexicanos.

La experiencia de Lynch como fiscal general de una de las oficinas más importantes del país, que abarca los distritos de Brooklyn, Queens, Staten Island y Long Island, servirá a la nueva fiscal para enfrentar temas con los que ya está familiarizada, como el crimen organizado, las bandas callejeras, el terrorismo y la corrupción pública.

“Toda la gente que está aquí, en este Departamento, lo está porque en algún momento de su vida dijeron: ‘quiero ser abogado’, ‘quiero ser un agente del orden’, ‘quiero ser un agente federal’, ‘quiero ser el héroe de alguien'”, destacó Lynch al final de su discurso.

“En el corazón de todo eso, para mí y para todos ustedes (…) se encuentra el deseo de hacer de este mundo un lugar mejor”, subrayó la nueva fiscal, que enfatizó su deseo de “empezar ese camino”. EFE

Loreta Lynch, nueva fiscal de EE.UU

Loreta Lynch, nueva fiscal de EE.UU

Divisiones y opiniones por su nombramiento

Loretta Lynch, una veterana fiscal federal de perfil discreto, pasó ayer a la historia no sólo por convertirse en la primera secretaria de Justicia negra de EE.UU., sino también por haber superado el bloqueo más largo en el Senado para ese cargo desde el Gobierno de Ronald Reagan (1981-1989).

El presidente estadounidense, Barack Obama, la eligió precisamente por ser una apuesta conciliadora que podría obtener sin mayor dificultad el beneplácito de un Senado controlado desde enero por los republicanos.

Sin embargo, la oposición conservadora vinculó su confirmación a la aprobación de una ley contra el tráfico de personas que los demócratas rechazaban por incluir una disposición que restringe los fondos federales para el aborto.

Más de cinco meses después de su nominación y en medio de una gran indignación nacional por este insólito retraso, un acuerdo bipartidista sobre esa ley ha permitido finalmente a Loretta Lynch ocupar su nuevo cargo.

“Una mujer a la que todo el mundo considera cualificada, que ha perseguido a terroristas, que ha trabajado con la Policía para sacar a las bandas de las calles, que tiene la confianza de los activistas de los derechos civiles y de los sindicatos de Policía por ser justa y efectiva, y una buena líder…ha estado sentada esperando -su confirmación- más que los siete fiscales generales anteriores juntos”, dijo Obama la semana pasada, visiblemente enojado.

En un proceso que el presidente calificó de “bochornoso”, la confirmación de Loretta Lynch ha derivado en debates parlamentarios donde se han tocado temas tan sensibles como la raza y en protestas para pedir su confirmación que llegaron a incluir huelgas de hambre.

Este histórico bloqueo era casi impensable cuando Obama la nominó en noviembre: Lynch se presentaba como una candidata de consenso, confirmada por el Senado en dos ocasiones (en 1999 con Bill Clinton y en 2010 con Obama) como fiscal federal del Distrito Este de Nueva York.

Lynch es una apuesta por el entendimiento con la oposición después de seis años en los que su predecesor y muy cercano colaborador de Obama, Eric Holder, ha recibido duras críticas de los republicanos, que le acusan de haber hecho un uso partidista de la Justicia.

Paradójicamente, con el bloqueo a la confirmación de Lynch, los conservadores han alargado el tiempo en el cargo de Holder, uno de los miembros del gabinete de Obama al que guardan menos simpatía.

De 55 años y graduada en Derecho por Harvard, Lynch ha compaginado su carrera como fiscal federal con el trabajo en varios despachos de abogados y cuenta con un amplio apoyo entre las bases demócratas y los activistas más progresistas.

Esta es la primera vez en dos siglos que se asciende a un fiscal federal a la Secretaría de Justicia desde que en 1817 el entonces presidente James Monroe eligió para el cargo al fiscal federal del este de Virginia.

Nacida en Greensboro (Carolina del Norte), hija de un pastor baptista y una bibliotecaria, Lynch coincide con Holder en que la reforma del sistema de Justicia debe ser prioritaria para reducir los niveles de encarcelamiento, sobre todo entre los afroamericanos.

Pese a dirigir una de las oficinas de fiscal general más importantes del país, que abarca los distritos de Brooklyn, Queens, Staten Island y Long Island, Lynch evita siempre que puede los medios de comunicación y procura mantener un perfil bajo.

Los temas principales de su equipo son el crimen organizado, las bandas callejeras, el terrorismo y la corrupción pública.

Sobre su mesa ha estado el caso del congresista republicano Michael Grimm, acusado de fraude.

Entre otros casos, su oficina se ha ocupado del procesamiento del presunto guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Jair Estupiñán Montaño, acusado de tráfico de drogas, así como de la petición de extradición del detenido narcotraficante mexicano Joaquín “el Chapo” Guzmán, capo del cártel de Sinaloa.

Lynch era una práctica desconocida fuera de su distrito hasta que, a finales de los años noventa, ganó repercusión en el estado por liderar el equipo que procesó a dos policías que agredieron sexualmente con un palo de escoba al inmigrante haitiano Abner Louima.

Ganó proximidad con Holder en los últimos tiempos a raíz de su nombramiento como directora del comité asesor del fiscal general, integrado por los fiscales federales.

Esa es su única experiencia política en Washington, por lo que se baraja que su subsecretario sea un veterano curtido en la capital.

Entre los nombres que suenan está el de Ron Klain, que fue coordinador general de la respuesta del Gobierno ante el ébola a nivel nacional el año pasado.