En el mes de febrero, del 2012, luego de un largo año como director del Instituto de Deportes del Chocó (INDECHO) me fue aceptada la renuncia que, desde el mes de diciembre del año anterior, había puesto a consideración del gobernador entrante. Mi remplazo en el ente deportivo departamental, fue Edgar Moreno Murillo, el más galardonado y destacado jugador de baloncesto que hasta hoy ha dado el departamento del Chocó.

 

Por Wagner Mosquera Palacios/ fotos de Antonio Sánchez.

 

La transición en la dirección de INDECHO fue rápida, sin sobre saltos, en un tono de amistad derivado de nuestras cercanías familiares, pero sobre todo en un tono de cercanías dado desde el mismo deporte. Como exjugador profesional de futbol que fui, entendía a lo que Edgar se expondría a su llegada al instituto.

Edgar llegó a aquella dirección, con las ganas del jugador que conoce la dura realidad de nuestro deporte y nuestros deportistas y quiere transformarla, pero también, como profesional de la sociología que es, con una idea revolucionaría para la vida social en el Chocó: conformar un equipo profesional de baloncesto.

Tal vez antes muchos tuvieron la iniciativa y tal vez muchos se arriesgaron a llevarla a cabo, pero fracasaron en el intento. Edgar Moreno, luego de muchos ires y venires, logró lo que muchos no pudieron.

Cimarrones del Chocó nace como equipo profesional el 3 de octubre del año 2013. En ese segundo semestre del año, arranca su participación en la Liga DirecTV de baloncesto, convirtiéndose en el equipo revelación al terminar segundos en la fase de grupo, y luego en la fase semifinal caer derrotado por Academia de la Montaña de Medellín. Ese primer torneo fue un aviso de lo que sería la gran hazaña el año siguiente, cuando contra todos los pronósticos, se coronó campeón al derrotar, luego de un empate a dos juegos en la final, a los Guerreros de Bogotá. Nunca un equipo de algún otro deporte nos había dado tanta dicha y felicidad.

Edgar Moreno, el líder indiscutible de esos Cimarrones campeones, se convirtió en nuestro Lebron James, al renunciar a muchos otros equipos en el torneo profesional colombiano, para jugar con el equipo de su tierra. Él, que como jugador de elite participó en las Ligas de Republica Dominicana, Puerto Rico, Venezuela y México, sabía en la empresa que se montaba, pero la ilusión le pudo más, y la ilusión le devolvió con creces su osadía.

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Los verdaderos Warriors

No exagero si digo que hoy Los Cimarrones del Chocó tienen un parecido a los Golden State Warriors, el equipo de Curry, Durant, Green y compañía, último campeón de la NBA y cuya afición, siempre vestida de amarillo, llena en cada encuentro el coliseo Oakland Arena, con más de 19.596 espectadores.

La historia cuenta que entre 1848 y 1855, la fiebre del oro se convirtió en un fenómeno social que se caracterizó por la llegada de muchos americanos e inmigrantes, a la Bahía de San Francisco (California) en busca de dicho metal. Golden State deriva del sobrenombre con que se conoce al Estado de California, The Golden State (El Estado Dorado). En las tribunas las camisetas de los aficionados y en los colores del uniforme principal del equipo sobresale el amarillo, como un homenaje a aquella fiebre del oro.

El primer uniforme del equipo Los Cimarrones, también es amarillo, porque nada más cercano a los chocoanos que el oro. El oro es parte de nuestra idiosincrasia y su representatividad está más que patentada en la segunda franja de la bandera del departamento, donde el verde de las selvas y el azul de nuestros dos mares, se confabulan para hacer una trilogía poderosa en esa bandera, que es ondeada con orgullo cada que juega Cimarrones, por el hincha más conocido de nuestro equipo: Tucoman.

Los Cimarrones son nuestros Warriors (Guerreros). El que venga a la ciudad de Quibdó y vaya a La Caldera – apelativo popular con el que la gente de Quibdó rebautizó al Coliseo del barrio el Jardín, Wladimiro Garcés Machado – podrá comprobar que en Quibdó nosotros también tenemos a nuestros guerreros dorados.

Ninguna otra cancha en Colombia tiene la magia y la energía que transmite La Caldera, ninguna. Con un aforo de casi 1.500 espectadores, este pequeño coliseo hoy es el bastión de un equipo que ha sabido interpretar el sentimiento de un pueblo, pero, sobre todo, de un equipo que se entrega en cada partido como si estuviera jugando una final. En La Caldera, los equipos visitantes sienten el poder de la localía, La Caldera intimida, La Caldera da miedo, La Caldera es el verdadero infierno.

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¿Cuál es el encanto?

En el Chocó amamos a este equipo por la entrega, por la lucha, por la persistencia, por el juego bonito, por los jugadores locales y extranjeros que vienen y se contagian, pero por sobre todas las cosas, porque nos hacen sentir orgullosos.

Sé que no exagero cuando digo que hoy en el Chocó no hay nada que nos haga sentir más orgullosos que este equipo. Muchos Chocoanos que hoy viven fuera, van a los partidos de visitante con la ilusión de sentir lo que muchos sentimos en La Caldera cuando el equipo juega de local. La gente ve a Cimarrones como la novia o el novio que estando lejos, viene y nos hace una visita para reconfirmar amores; o como el amigo o el pariente cercano que desde hace mucho tiempo no vemos, y solo nos envía cartas para decirnos que está bien y un día de estos se reencuentran.

Cimarrones es nuestra Embajada por toda Colombia, es nuestro Consulado en cada ciudad donde juega. Es el pasaporte a la felicidad esquiva que anhelamos para nuestro pueblo. Cimarrones es la idea de un Chocó bonito, de un Chocó con desarrollo, de un Chocó sin políticos corruptos, de un Chocó con carreteras pavimentadas, de un Chocó donde la salud funciona de manera perfecta porque cada vez que ganan, los corazones en lugar de quedarse quietos por un paro cardíaco mal atendido en el Hospital San Francisco, se aceleran por la felicidad de una clavada del venezolano, Jhornan Zamora; o por una cesta de tres puntos, de Eleuterio Rentería; o de un rebote debajo del tablero, ganado por Jhon “El Chiquillo” Hernández, quien dice con gesto adusto quien es el que manda en el maderamen.

Sí, Cimarrones es lo mejor de nosotros representado en una cancha de baloncesto. Es lo mejor de nosotros porque nos muestra como realmente somos los chocoanos: alegres, combativos, persistentes, pero sobre todo es lo mejor de nosotros porque en medio de todas las dificultades que siempre tenemos somos felices. Cimarrones nos hace felices. Muy felices.

Plinio Rosero, técnico de Cimarrones/ foto de Antonio Sánchez

Plinio Rosero, técnico de Cimarrones/ foto de Antonio Sánchez

A partir de hoy 26 de julio se inician las semifinales del torneo profesional, Cimarrones arrancará jugando de local, en una serie que clasificará a la final al mejor de tres partidos, y frente a uno de los quintetos llamado a estar en al final. Aunque perdimos la ventaja de la localía, la fe que siempre hemos tenido se mantiene intacta, ya cuando ganamos el primer y único título en el año 2014, estuvimos en ascuas por los partidos perdidos jugando como visitantes ante Los Guerreros en Bogotá, esta vez imaginamos que el sufrimiento será similar, pero no nos acomplejamos.

Hoy La Caldera estará a reventar, y los miles de corazones que acompañaremos al equipo, sin importar cuál sea el resultado, le diremos a Colombia de que está hecho este equipó. Les diremos que nosotros también somos unos verdaderos Warriors.

Hoy también solo les pido un favor, un grandísimo favor a mis Cimarrones: así los resultados no sean favorables en esta serie, Nunca dejen de hacernos sentir orgullosos. ¡Nunca!