La historia y el periodismo, poco subrayan que el expresidente de Colombia, Carlos Holguín Mallarino, tío bisabuelo de la actual canciller, nació en Nòvita-Chocò.

En su mandato desde 1888 hasta 1892 se destacó especialmente por traer a Colombia los servicios de teléfono y amplió el alumbrado público en Bogotá. Creó la Policía Nacional de Colombia.

De sus trece hermanos, uno fue presidente de la República, Jorge Holguín además su tío Manuel María Mallarino. Ocupó dicho cargo.

Además de desempeñarse como abogado, se destacó como periodista y escritor. Y En Cali creó el periódico “El Caucano” (1857). En Bogotá colaboró con la redacción de “La Prensa”. Igualmente fue un asiduo colaborador de los periódicos conservadores de la capital, “El Conservador”“El Filotémico”, “El Porvenir” y “El Tradicionista” entre otros.

Regaló sin autorización del congreso el tesoro de Quimbaya

Seis de las 122 piezas del tesoro quimbaya que el presidente Carlos Holguín Mallarino regaló a la reina de España María Cristina de Hasburgo, en 1893, expuestos en el Museo de América de Madrid. Los quimbayas habitaron la zona media del río Cauca, actualmente los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. Foto: A.F.P.

Seis de las 122 piezas del tesoro Quimbaya que el presidente Carlos Holguín Mallarino regaló a la reina de España María Cristina de Hasburgo, en 1893, expuestos en el Museo de América de Madrid. Los quimbayas habitaron la zona media del río Cauca, actualmente los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. Foto: A.F.P.

El Señor Holguín Mallarino, en condición de encargado de la presidencia de Colombia, tomó la decisión de dar en obsequio EL TESORO QUIMBAYA, sin consultar ni ser autorizado por el Congreso colombiano, que era lo que le ordenaba la Constitución Política de Colombia entonces vigente. En esas condiciones el envío del Tesoro a España ha sido considerado como una violación a la Constitución colombiana [Antonio José Rengifo Lozano, “Avances y perspectivas del Derecho para la restitución de bienes culturales a sus países de origen: el Caso de la Colección Cultural Qimbaya”, Revista Pensamiento Jurídico, No. 22, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2008]. La justicia colombiana estudia actualmente la posibilidad de anular la transferencia del Tesoro a España, evento en el cual Madrid debería restituirla a Colombia, con intermediación de la UNESCO [Antonio José Rengifo Lozano, “La defensa del patrimonio Cultural”, UN Periódico, Universidad Nacional de Colombia, agosto 2012], pues las 123 piezas arqueológicas que integran el Tesoro Quimbaya, del más alto valor artístico de la orfebrería precolombina, hacen parte del patrimonio histórico cultural aborigen de la nación y nunca pertenecieron al patrimonio personal del entonces presidente Holguín Mallarino. Nota de la redacción de El AfroBogotano


 

Por Fady Ortiz Roca

Sirvan estos apuntes históricos del linaje de la Canciller María Ángela Holguín, para hacer una profunda reflexión sobre la participación de estos personajes dentro de la definición de los límites del Estado colombiano y de paso, llamar la atención sobre el nepotismo y la ligereza con que se manejan las relaciones internacionales de Colombia con sus vecinos.

El llamado es a no cometer una nueva ‘Holguineada’ en el caso de nuestro Archipiélago. No permitamos que se repita la historia

Dándome a la tarea de investigar el origen de la Canciller colombiana María Ángela Holguín Cuéllar, encargada de la defensa jurídica del Archipiélago en la Corte Internacional de Justicia de la Haya, me encontré con unos antecedentes familiares de muy rico abolengo y ascendencia de personajes de la historia patria colombiana, en su mayoría presidentes y ministros de relaciones exteriores, pero no muy alentadores en cuanto a la protección del territorio y patrimonio histórico y cultural se refiere.

Dentro de los antecedentes remotos, encontramos que su tío bisabuelo Carlos Holguín Mallarino, quien, primero como embajador y luego como canciller y presidente, fue el encargado, en el decenio de 1880, del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Colombia y España, inexistentes desde la Independencia.

En sus años de gobierno, Holguín consideró que, para el buen desarrollo de las relaciones con la Madre Patria, resultaba conveniente enviarles a los ibéricos el oro que no alcanzaron a llevarse, y así le obsequió a la reina regente doña María Cristina de Habsburgo el invaluable e inmenso Tesoro Quimbaya, compuesto por 122 piezas de orfebrería prehispánica, patrimonio in-enajenable de la Nación, luego de haber sido enviado a España con el propósito de exhibirlo durante la ‘celebración’ del IV Centenario del Descubrimiento de América, como muestra de gratitud por su colaboración al dictar el laudo arbitral sobre fronteras terrestres entre Colombia y Venezuela. Hoy día, la justicia colombiana con el respaldo de la UNESCO, hace esfuerzos por la repatriación de este tesoro aborigen de la Nación.

Este laudo arbitral le concedía a Colombia los derechos sobre el Archipiélago de los Monjes. Para efectos de la aplicación de este laudo, así como de la recomposición de las relaciones con Venezuela, Carlos Holguín nombró a su hijo Hernando Holguín y Caro como Ministro Plenipotenciario.  Años más tarde otro Holguín habría de regalar este Archipiélago, mediante nota diplomática y no un tratado internacional.
En la cuenta sigue su bisabuelo el general Jorge Holguín Mallarino, dos veces presidente de la República, quien también era hermano de Carlos Holguín Mallarino y sobrino de Manuel María Mallarino, ambos presidentes de la República.

También era concuñado del presidente Miguel Antonio Caro quién se empecinó en rechazar el Tratado Herrán- Hay, que tenía como objeto la construcción de un canal transoceánico que uniese el océano Atlántico y el océano Pacífico por el istmo de Panamá, a pesar de ser un secreto a voces la conspiración en marcha por parte de los Estados Unidos de usurparle a Colombia el Istmo, si se negaba a firmar el tratado.

Carlos Holguìn Mallarino. Foto: Internet

Carlos Holguìn Mallarino. Foto: Internet

Nòvita-Chocò, cuna del presidente Carlos Holguin Mallarino

Nòvita-Chocò, cuna del presidente Carlos Holguín Mallarino

Jorge Holguín Mallarino, electo el presidente Miguel Antonio Caro, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, cargo que desempeñó desde el 10 de abril de 1896 al 31 de marzo de 1897.  Durante su gestión suscribió con el plenipotenciario venezolano, Marco Antonio Silva Gandolphi, un nuevo tratado de límites con Venezuela por el que Colombia terminó cediendo casi la mitad de la península de la Guajira a cambio de la libre navegación, a perpetuidad, en los ríos Orinoco, Negro, Atures, Meta, Vichada, Apure y Arauca y Lago de Maracaibo y sus respectivos afluentes. Ocupó nuevamente la cartera de Asuntos Exteriores durante 1897-1898. En 1898 el presidente Manuel Antonio Sanclemente lo llamó para ocupar la cartera de Defensa durante la Guerra de los Mil días, que tuvo como consecuencia la pérdida de Panamá en 1903.

La dinastía gubernamental y los tratados

En 1904, durante la presidencia de Rafael Reyes (suegro del tío abuelo de la Canciller, Daniel Holguín Arboleda), fue nombrado como Ministro de Relaciones Exteriores, Clímaco Calderón Reyes (sobrino de Rafael Reyes, también hermano de Arístides Calderón Reyes, tatarabuelo del Presidente Juan Manuel Santos Calderón, y además primo hermano de Lucila Calderón Tejada, abuela materna de la Canciller, pues su madre es doña Lucila Cuellar Calderón), quien fue presidente de Colombia en 1882, escribió así sobre la separación de Panamá: ” Algunos espíritus quisieran que Colombia se mantuviera en condiciones de hostilidad y rencor respecto de Panamá. Esos espíritus protestarán contra todo lo que se haga en ese sentido. El gobierno, sin embargo, atento a los grandes intereses del país en lo porvenir, no vacila en seguir una política distinta de la aconsejada por aquellos ciudadanos, celosos patriotas, sin duda, pero que no quieren ver la realidad de los hechos cumplidos. Por tanto, el gobierno de Colombia asume ante los contemporáneos y la posteridad la responsabilidad de la política que después de maduro examen, sereno e imparcial, ordena seguir; y confía en que el señor ministro, libre de prejuicios y preocupaciones de un patriotismo mal entendido, tendrá el valor civil de asumir a su turno las responsabilidades de tal política, y no vacilará en vincular su nombre a los actos trascendentales de que se ha hablado.”

Siguiendo con el relato sobre la participación en la historia de Colombia  de los ancestros de la Canciller Holguín, nos encontramos nuevamente con Jorge Holguín Mallarino, quien ejerció la presidencia desde noviembre de 1921 hasta agosto de 1922. Durante su gestión se ratificaron los  tratados  Urrutia-Thompson con los EE.UU, y Lozano-Salomón con el Perú.

El Tratado Urrutia-Thompson estaba pendiente de ser perfeccionado desde 1914 y  fue a través de éste, mediante su ratificación en el Congreso el 22 de diciembre de 1921, que Colombia fijó los límites fronterizos con Panamá de conformidad con lo indicado en la Ley colombiana del 9 de junio de 1855,  a la vez que reconocía tan grande pérdida. Panamá no tuvo ninguna participación en la negociación del tratado, ni tampoco le dio el derecho a Estados Unidos para que actuara en su nombre. Al aprobarse dicho tratado, Panamá protestó y no reconoció esos límites en vista de que ninguno de los dos países firmantes podía obligarla a cumplirlo.

El tratado Urrutia-Thompson, fue firmado por el Ministro Plenipotenciario Francisco José Urrutia Olano, quien estaba casado con Elena Holguín Arboleda, a su vez, hija del General Holguín y doña Cecilia Arboleda hija del escritor y político Julio Arboleda Pombo, presidente de la República, quien a su vez era sobrino político del cuatro veces presidente Tomás Cipriano de Mosquera, a su vez suegro del presidente Pedro Alcántara Herrán y hermano del presidente Joaquín Mosquera.

Con el tratado Lozano-Salomón, firmado –en secreto- el 24 de marzo de 1922- con la República del Perú, Colombia tuvo que ceder al Perú la zona comprendida entre el río Putumayo y los ríos Napo y Amazonas, zona que pertenecía a Colombia por el utipossidetis iure de 1810 tal como estaba confirmado por diversos tratados suscritos con el Ecuador: Tratado de Pasto de 1832, Tratado de 1856 y Tratado Muñoz Vernaza-Suárez de 1916.

Este tratado se mantuvo en secreto por tres años en ambos países, y al ser descubierto por la opinión pública en ambos países provoco airadas controversias. En Colombia, se manifestó el inconformismo por el tratado al sólo dar un estrecho brazo de tierra sobre la ribera del rio Amazonas, según la opinión pública por la incapacidad diplomática para acarrear mayores responsabilidades en pro de sus derechos sobre el territorio.

Siguiendo la lista, encontramos que el presidente encargado entre 1951 y 1953 Roberto Antonio Urdaneta Arbeláez– quien contrajo matrimonio con Clemencia Holguín y Caro,la prima hermana de su abuelo, hija menor de Carlos HolguínMallarino y de Margarita Caro Tobar, hermana del presidente Miguel Antonio Caro- resolvió reconocer la soberanía sobre el Archipiélago de Los Monjes, en canje por la devolución del guerrillero ‘Cheito’ Velásquez, mediante una simple nota diplomática, como lo insinuaba el embajador en Caracas, Francisco Urrutia Holguín, el hijo de Francisco José Urrutia y doña Elena Holguín Caro.

El texto definitivo fue aprobado por el primer mandatario y bajo la sigla GM 542 del 22 de noviembre de 1952 suscrito por el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia Juan Uribe Holguín y por el embajador de Venezuela en Bogotá, Luis Gerónimo Pietri. Al respecto Uribe Holguín se refería a los Monjes como “formaciones rocosas deshabitadas, sin valor económico aparente”, de la misma manera, Urrutia Holguín, no quedándose atrás con las declaraciones desastrosas afirmaba que Colombia no objetaba “la soberanía de los Estados Unidos de Venezuela sobre el Archipiélago de los Monjes” y que por lo tanto el país no se oponía a “reclamación alguna”.

Las afujías de nuestro Embajador en Caracas, Francisco Urrutia Holguín, tenían un motivo extra, que era el de su opinión disidente como juez ad hoc en el caso relativo al laudo arbitral del rey de España entre Nicaragua y Honduras, de 23 de diciembre de 1906. Nicaragua quería desconocer la obligatoriedad de ese laudo y el principio de la cosa juzgada. El 18 de noviembre de 1960 por catorce votos contra uno la Corte Internacional de Justicia decidió que el laudo era obligatorio y que Nicaragua debía ejecutarlo (ICJ, Case Concerningthe Arbitral AwardMadebythe King of Spainon 23 December, 1906 – Honduras vs. Nicaragua).

El único voto en contra fue del juez ad hoc Urrutia Holguín, quién en su salvamento mantuvo la tesis de que la validez del laudo de 1891 emitido por la reina regente María Cristina de España en el asunto de límites entre Colombia y Venezuela había sido sometida a un nuevo arbitraje ante el Consejo Federal Suizo, que se pronunció en 1922. Algo totalmente erróneo: ante el Consejo Federal suizo lo que se debatió fue si el laudo español podía ejecutarse parcialmente, como lo sostenía Colombia o sólo cabía ejecutarlo en su integridad, que era la posición de Venezuela.

Estas acciones negligentes les hizo afrontar a los Holguín en su tiempo todo un proceso de recriminaciones políticas, administrativas y jurídicas, e incluso fueron acusados de traición a la patria en el Congreso, a raíz de su intervención en el caso de Los Monjes, en el que, según sus acusadores, se arrogó competencias que sólo correspondían al presidente y al Congreso, violando así los preceptos constitucionales.

Enrique Santos Montejo, ‘Calibán’, abuelo del actual Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en 1953 escribía en su columna del Diario El Tiempo ‘La danza de las horas’: “No convirtamos el caso del islote de LOS MONJES en controversia internacional. Vale mucho más la cordialidad con Venezuela… cedamos en nuestros derechos… Y demostremos al pueblo que apreciamos en mucho más su amistad que la posesión de pedazos de tierra o de roca”.

Sirvan estos apuntes históricos del linaje de la Canciller María Ángela Holguín, para hacer una profunda reflexión sobre la participación de estos personajes dentro de la definición de los límites del Estado colombiano y de paso, llamar la atención sobre el nepotismo y la ligereza con que se manejan las relaciones internacionales de Colombia con sus vecinos. El llamado es a no cometer una nueva ‘Holguineada’ en el caso de nuestro Archipiélago. No permitamos que se repita la historia